¿A Dónde Irán Las Memorias?

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Nuestros tesoros más preciados pueden desvanecerse si no adoptamos un plan apropiado para archivarlos.

Nuestros tesoros más preciados pueden desvanecerse si no adoptamos un plan apropiado para archivarlos.

Por alguna razón que desconozco el periodo navideño tiene el efecto de motivar la nostalgia en mí.  El otro día me dio por mirar un par de DVDs que recogen los primeros años de mis hijos.

Allí están la llegada de mi hija a la casa; la de mi hijo; los primeros pasos de ambos; los años de infancia de mi primer hijo de un matrimonio anterior; mi padre, mi suegro, mi cuñado y mi cuñada mucho antes de que fallecieran; mi madre; mis amigos; y claro, Zoraida y Yo cuando todavía éramos jóvenes y hermosos (wow, que ego).

Como saben, he dedicado una vida al mundo de la tecnología.  Generalmente he tenido todos los “gadgets” del momento en lo que se refiere a cámaras, grabadoras, equipos y computadoras.  Pero lo que quizás no saben es que por años he sido un lector voraz y un estudioso de la historia.  De hecho, a pesar de que mis estudios de bachillerato los hice en ciencias naturales, tomé más electivas en historia que cursos de concentración.

Para aquella época a eso le llamaban ser un “estudiante profesional”.  Hoy en día todavía leo constantemente.  También conservo la curiosidad característica del científico.  Aquellos que me conocen dirían que soy un “profesional estudioso”.

Mientras veía el DVD me vino a la mente una pregunta interesantísima: ¿Qué escribirán los arqueólogos y los historiadores del futuro sobre la “era de la informática”?

En el 1985 compré mi primer computador.  Era una Macintosh Plus con 1Mb de memoria RAM y un inmenso disco duro externo de 20MB.  Lo de inmenso no lo digo por su capacidad sino por su tamaño.  Era más o menos del tamaño de una “lonchera”.

Para aquella época la “Mac” utilizaba lo más avanzado en almacenamiento de datos: discos “floppy” de 800KB.  Desde entonces he usado discos floppy de 1.4MB; cartuchos Syquest de 40MB, 80MB y 200MB; discos Zip de 100MB y 250MB; CDs de 650MB y 700MB; DVD-RAM de 2.1 y 4.3GB; DVD-Rs de 4.3 y 8.6GB; y por supuesto memorias Flash de una variedad de capacidades.  Hoy en día nada de eso ofrece la suficiente capacidad, así que archivo mis proyectos en discos duros “desnudos” en formato SATA.  Durante ese mismo periodo he tenido más de 40 Macintosh distintas.

El mundo del video y la fotografía no se han comportado de manera muy distinta.  Cuando comencé en la fotografía todavía se usaba película.  Hoy en día todo es digital.  La gente toma fotos, las ven en un computador y jamás las imprimen.  Lo mismo sucede con el video.  Lo tomamos en algún formato digital, lo editamos en un computador y lo subimos a YouTube para que el mundo lo vea.

El mes pasado produje un DVD para conmemorar el 25 aniversario de una de las compañías farmacéuticas de mayor renombre en Puerto Rico.  Durante gran parte de esos 25 años fui algo así como su “historiador oficial”.  Si algo se movía yo le tomaba fotos, video o audio.

Cuando comencé con el proyecto tenía dos grandes baúles de Rubbermaid llenos de floppies, CDs, cintas magnetofónicas de rollo, cassettes, minidiscs, DVD-RAMs, PhotoCDs, DVD-Rs, VHS, Hi8, BetaSP, ¾, DV y discos duros.  Catalogar y organizar el material fue un reto en sí mismo.  Reproducirlo y convertirlo a un formato digital moderno fue otro.

Eso sin contar los formatos obsoletos.  A lo largo de los años hemos tenido grandes aplicaciones que sencillamente desaparecieron.  Algunos ejemplos son Persuasion, Ready Set Go!, MacWrite, MacDraw, Lotus 123, Word Handler y Freehand.  De esos también había algunos en aquel baúl.

Pero lo peor de todo no es la variedad de formatos obsoletos o el hecho de que en muchos casos no haya en qué reproducirlos.  A eso hay que sumarle que muchos de estos formatos se degradan con cada segundo que pasa.

A diferencia de los documentos de antaño que estaban plasmados en medios tangibles como el papel o la piedra, los documentos de la era digital no son más que unos y ceros depositados en medios efímeros.

Los primeros medios en utilizarse para el almacenamiento de datos se basaron en tecnología mecánica heredada de la era industrial.  Así, las primera computadoras copiaron la tecnología del telar para adaptarla a las tarjetas perforadas.

Luego volvimos a copiar tecnología de antaño cuando adoptamos el magnetismo como medio de almacenamiento.  De ahí surgieron los discos floppy, los cartuchos, las cintas y los discos duros.

Finalmente surgieron medios verdaderamente nuevos.  Con la adopción del disco óptico en sus múltiples concepciones vimos cómo se podía almacenar información en un dispositivo que jamás haría contacto físico con el mecanismo lector.

Todo esto se ha desdoblado ante nuestros ojos en apenas 60 años.

¿Cuál es el problema?  El problema es que los medios mecánicos son imprácticos de almacenar, los magnéticos se deshacen y los ópticos se degradan.

Imagina el espacio que haría falta para almacenar todas las tarjetas perforadas que se produjeron entre las décadas del 50 al 80.

Por su parte los medios magnéticos sufren de “print through”, el medio magnético (conocido como ferrito) se desprende de la base de “mylar” que lo sostiene, se afectan por el hongo, se tornan vidriosos y eventualmente se deshacen ante nuestros ojos.

¿Y qué hay de los medios ópticos?  ¿Acaso no se supone que eran el medio perfecto que duraría por siglos?  Pues sabes qué, hay CD-Rs que no han durado ni cinco años.  Y en el caso de los DVD-Rs ha sido todavía peor.  En el caso de los CD-Rs el material brilloso que releja la luz tiende a degradarse hasta el punto en que se tornan ilegibles.  Y en el caso de los DVD-Rs el pigmento violeta que refleja el rayo de láser rojo sufre de una condición similar.  En resumidas cuentas muchas personas que cifraron sus esperanzas en estos medios ópticos están descubriendo que —al cabo de menos de una década— sus archivos preciados se han tornado inservibles.

Todo esto va a tener un resultado nefasto para la historia de la humanidad.  ¿Por qué?  Porque cuando los arqueólogos y los historiadores del futuro escriban sobre las últimas décadas del siglo 20 y las primeras del siglo 21 tendrán un enorme hueco en el continuo.

Los documentos que escribimos hace 25 años desaparecerán.  Nuestras fotos, nuestros videos, nuestras grabaciones… todos desaparecerán.  Las conversaciones que tuvimos en las redes sociales desaparecerán.  Nuestros correos electrónicos desaparecerán.  Será como si tres o cuatro generaciones enteras no hubieran existido.

Y Dios nos libre de una protuberancia solar de marca mayor.  El pulso electromagnético que produciría un evento solar de esta magnitud podría tener consecuencias cataclísmicas para nuestros sistemas de información.

¿Cuál es la solución?  Actualmente no hay ninguna definitiva hasta que surja algún medio verdaderamente permanente.  Sin embargo, hay soluciones a corto plazo.  Primeramente, debemos hacer la costumbre de tener copias de seguridad (conocidas en inglés como backups) de toda nuestra data importante.  Y fíjate bien que dije “copias”.

Tener una copia de tus datos es mejor que tener únicamente el original pero no es suficiente. Una buena estrategia es tener por lo menos tres copias, en dos medios distintos y en dos localidades.  Por ejemplo, puedes tener el original en tu computador, una copia en un disco duro separado en tu hogar u oficina y una copia en DVD en la casa de algún pariente o amigo. Y si es muy importante, en un caja de seguridad en el banco. ¿Por qué?  Bueno, imagina que tu casa se queme, que haya un terremoto, una inundación o un escalamiento.  ¿No crees que tu copia podría correr la misma suerte que tu original?

De ahí pasamos al mantenimiento.  No basta con hacer una copia de tus archivos importantes y olvidarte de ella.  Si haces eso y pasan 5 ó 10 años no servirá cuando la quieras acceder.  La clave está en accederla cada 6 meses y cambiarla de medio cada dos años.  Por ejemplo, hoy en día yo archivo la mayoría de mi material en discos duros.  Sin embargo, el mecanismo interno de los discos duros se tiende a trancar cuando no se les ejercita regularmente.  Por eso cada seis meses cojo una mañana para subir todos mis discos duros (que ya ascienden a cerca de 40).  De igual manera cada par de años copio el material a discos más modernos para asegurar su longevidad.

Reconozco que el usuario común no tiene necesariamente las mismas necesidades que yo a la hora de archivar material valioso.  Pero el método puede adaptarse a usuarios de todo tipo.  Por eso en mi  próximo artículo discutiré en detalle una metodología que te puede ayudar a mantener tu información intacta por años.

Como decía Forest Gump “Al fin y a la postre todos estaremos muertos”.  Y nuestra data también.  Pero en lo que la humanidad desarrolla un método infalible de preservar la inteligencia agregada de la era de la informática, al menos tenemos que encontrar maneras de “clonarla” indefinidamente.

©2011, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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