A La Distancia…

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Con mi hijo “Orlandito” en Fort Worth, Texas

Con mi hijo “Orlandito” en Fort Worth, Texas

Las últimas tres semanas de abril las pasé lejos de Macondo. Y no me refiero al lugar imaginario inmortalizado por el fenecido escritor colombiano Gabriel García Márquez sino a la Isla de Puerto Rico, donde la vida cotidiana puede resultar igual de absurda y bizarra.

No es como que no hubiera viajado antes, porque si lo he hecho y bastante. Pero en esta ocasión las experiencias fueron distintas.

Como tantos otros puertorriqueños nuestra familia se ha visto adversamente afectada por la crisis económica, política y de espíritu que atraviesa nuestro País. Y cuando uno está dentro de ese vórtice muchas veces no se da cuenta de lo enfermizo que puede ser. Es un círculo vicioso que se traga la esperanza, la creatividad y la energía.

Devon Tower en Oklahoma City

Devon Tower en Oklahoma City

Una vez uno se coloca fuera de ese círculo ve con más claridad la escena entera y el papel que interpreta cada uno de sus actores.

Yo tuve esa suerte durante tres semanas gracias a la generosidad de mi hijo más joven y su esposa. Por lo regular, yo me refiero a él como “Orlandito” o “el nene” —porque aunque nuestros hijos tengan la edad que tengan, siempre serán “los nenes” para Zoraida y para mí— pero la realidad es que ya cuenta los 27 años años y es más alto que yo.

Hacía tiempo que él y María venían invitándonos a pasarnos unos días en su nueva casa de Oklahoma, pero aparentemente las estrellas tenían otros planes. El año pasado habíamos planificado el viaje, y el mismo día en que salíamos para allá entró un huracán por la costa de Galveston, Texas y cancelaron todos los vuelos. Este año la cosa transcurrió sin problemas.

Myriad Botanical Gardens, en Oklahoma City

Myriad Botanical Gardens, en Oklahoma City

Orlandito y María viven en un pequeño pueblo de Oklahoma donde los tapones (atascos) son algo que uno solamente ve en las películas. De hecho, la población entera de Oklahoma es de 3.7 millones de habitantes; poco más que la de Puerto Rico. La gente es amable, sencilla y hospitalaria.

Durante nuestra estadía visitamos múltiples atracciones turísticas en Oklahoma y Texas como: el Aquario de Dallas, Dealey Plaza (el lugar en el que asesinaron al Presidente John F. Kennedy), los Stockyards de Fort Worth, y, el Álamo y el Riverwalk en la ciudad de San Antonio. También fuimos al Riverwalk de Bricktown en Oklahoma City, al Jardín Botánico de esa Ciudad, al monte Scott, a Holly City y al Monumento Conmemorativo Nacional recordando las víctimas del acto terrorista perpetrado por Timothy McVeigh y Terry Nichols el 19 de abril de 1995, en el que murieron 168 personas, incluyendo 19 niños.

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Este último es uno de esos sitios que le “estruja” el corazón al más insensible y obliga a la pregunta: “¿cómo puede caber tanta maldad en el corazón de un ser humano?”.  Gracias a Dios, la visita al Monumento Conmemorativo Nacional de Oklahoma City fue sólo un punto y coma de consternación en medio de tres semanas maravillosas.  Todos esos lugares son los que muestro a lo largo de esta entrada.  Dale click a cualquiera de las fotos para verla más grande.

Oklahoma City National Memorial

Oklahoma City National Memorial

Hablar de lo orgulloso que me siento de mi hijo y su esposa María, y de lo mucho que han logrado en sólo tres años, tomaría varios artículos como este. Además, aquellos de ustedes que me conocen saben que no me gusta vivir la vida en público, y mucho menos la de mis hijos. Basta con decir que los seis (mis tres hijos y sus respectivos cónyuges) son gente honesta, trabajadora y de buenos sentimientos. Como hubiera dicho Antonio Machado: “son buenos en el buen sentido de la palabra “buenos”. Y más allá de eso no hay que pedir nada más.

Dealy Plaza, en Dallas, Texas. El lugar donde asesinaron al presidente John F. Kennedy

Dealy Plaza, en Dallas, Texas. El lugar donde asesinaron al presidente John F. Kennedy

Como todo buen puertorriqueño, saqué un ratito cada par de días para seguir los acontecimientos de mi País; o como hubiera dicho mi primo Eliezer: “para meterme el veneno”. Tristemente, me saltó a la vista que las noticias de la Isla dan vuelta en una especie de noria. Batimos la misma “m” semana tras semana, mes tras mes y año tras año sin que nada se resuelva; sin que nada cambie. Mientras tanto, en los medios nacionales y locales de los Estados Unidos no sale ni un “parrafito” sobre la Isla.

A los únicos que le interesa la mierda de la Isla es a nosotros y es evidente que no nos interesa resolver nada. Quizás por eso seguimos “batiéndola”.

No me malinterpretes. No digo que Oklahoma y Texas sean lugares perfectos. Ciertamente tienen su propios problemas que los recién llegados van descubriendo con el pasar del tiempo. Pero hubo una serie de cosas que me llamaron la atención y que difieren mucho de nuestra manera de vivir en “la isla del encanto”.

Cancha de los Oklahoma Thunder de la NBA. Cero presencia policiaca. Cero basura en las calles. Ese día había partido.

Cancha de los Oklahoma Thunder de la NBA. Cero presencia policiaca. Cero basura en las calles. Ese día había partido.

Lo primero que noté fue la falta de presencia policiaca. De hecho, con la excepción de los “state troopers” (policías en las carreteras interestatales) no vi ni 5 policías de Oklahoma en 21 días. Tampoco los vi en Texas. Eso no quiere decir que no los haya, o que no se haga cumplir la ley. ¡Al contrario! La ley es sumamente estricta. Pero no hace falta un policía detrás de cada poste para que los ciudadanos se sientan compelidos a cumplirla.

Otro aspecto que me llamó la atención fue la limpieza. Uno no ve un solo “papelito” en el piso. Y tampoco vi rótulos de “$1,000 De Multa Por Arrojar Basura”, como los hay dondequiera en Puerto Rico. Tampoco vi graffiti ni deambulantes. No hay que doblarle el brazo a la gente para que mantengan el entorno limpio. Sencillamente es algo esperado.

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Por último me llamó la atención el silencio.  ¡Los conductores no tocan bocina!!! Cada cual espera su turno en lugar de agolparse en las intersecciones.  ¡Wow! ¡Orden!  Tampoco hay camiones con artoparlantes por doquier.

Entonces están los puertorriqueños. Como he dicho tantas veces en el pasado, si hay algo que caracteriza al puertorriqueño de la Isla es la falta de solidaridad. La consigna nacional parece ser aquel verso de la “Fania All Stars” de la década de los 70’s: “quítate tú pa’ ponerme yo”. Nos “serruchamos el palo” unos a otros y a la larga nos jodemos todos como sociedad.

Casa de Orlandito y María

Casa de Orlandito y María

En Oklahoma la cosa es distinta. Mi hijo y su esposa compraron casa en un pequeño “development” (lo que en la Isla llamaríamos una urbanización) en el que viven varias familias puertorriqueñas jóvenes, muchos de los cuales son soldados activos en la base de Lawton. Con el pasar del tiempo se han vuelto amigos y se ayudan los unos a los otros.

Una mañana me despertó el ladrar de Nina (la perra de Orlandito y María) queriéndose “comer” a alquien que estaba cortando la grama del frente de la casa. Para mi sorpresa no se trataba de un jardinero. Era Adán, el vecino del lado. Sin nadie pedírselo —y sin que mediara pago alguno— prendió su tractorcito y podó el césped. Una semana después podó el patio de atrás.

Sencillamente él observó que los patios estaban altos y los podó. Yo llevo 53 años viviendo en Puerto Rico y nunca he visto una cosa así.

Y es que aparentemente lo primero que cambia en la psiquis del puertorriqueño, cuando se muda fuera de la Isla, es la actitud. En la Isla la consigna es el egoísmo y supervivencia a ultranza. Cuando estamos fuera de la Isla es la solidaridad.

Riverwalk, en San Antonio, Texas

Riverwalk, en San Antonio, Texas

Una mañana desperté y me quedé en la cama oyendo podcasts. Uno de los que escuché fue el capítulo más reciente de Robert Plank sobre “Cómo Actualizar Nuestro Pensamiento y Nuestras Creencias”. Decía Plank que hay personas que se dejan atrapar en una especie de noria (¿te suena familiar?) o círculo vicioso. Luego le achacan cada problema a las circunstancias. Al final es como una espiral que se los va chupando poco a poco.

Según Plank la única manera de cambiar nuestra realidad es cambiando lo que hacemos. Como tantas veces he citado a Albert Einstein: “la definición de la locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”.

Todos los días vemos titulares en la Isla sobre las miles de familias que se están sumando a la diáspora. De hecho, yo he escrito varias entradas —aquí mismo en Picadillo— denunciando el fenómeno (“Y Más Se Irán”, Una Feria Pa’ Echar Un Pie”). Y por supuesto, la óptica es la manera en que eso afecta a la Isla. Para muchos, estos emigrantes son hasta una especie de traidores que han abandonado el terruño. De ahí la popularidad que ha alcanzado el hash tag de #yonomequito, a pesar de que su autor lo creo con un propósito totalmente diferente.

El Álamo, San Antonio, Texas

El Álamo, San Antonio, Texas

¿Pues sabes qué?  Los llamados quita’os son —en su mayoría— buenos hijos de la Isla, que se han hartado de la mediocridad, la corrupción y la politiquería. Mientras tanto, nuestros dirigentes siguen en la noria soñando con una “píldora mágica”, procedente del Tío Sam, que saque a la Isla de su predicamento.

A la distancia uno descubre que los supuestos “quita’os” son en realidad los que se negaron a aceptar lo “inevitable” y se largaron. Y —por supuesto— están creando su propia realidad, hecha a la medida de sus sueños y esfuerzos.

Y créeme, basta con hablar con cualquiera de estos buenos puertorriqueños para notar que ser parte de diáspora es duro. La mayoría te dice que con gusto vivirían en la Isla si tan sólo mejorara la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo profesional.

Los llamados quita’os son —en su mayoría— buenos hijos de la Isla, que se han hartado de la mediocridad, la corrupción y la politiqueríaEsta gente no son ningunos “quita’os”. Son héroes de esta tierra que cargan la antorcha de la buena puertorriqueñidad y se han atrevido a hacer lo que la mayoría de los isleños no hacen. ¡Se han salido de la noria!

El 4 de mayo Zory y yo regresamos a la Isla del Espanto, donde unos nos llaman pesimistas —porque criticamos la mogolla local— y otros nos dicen que vivimos en Silicon Valley, porque promovemos el uso de la tecnología en formas innovadoras que mejoren la vida de la gente. ¿Y sabes qué fue lo más trabajo que me dio?  Reinsertarme en la noria!!!

No me malinterpretes. No estoy anunciando que me sumaré a la diáspora (por lo menos, no por ahora). Pero ciertamente uno entiende por qué hay miles de familias haciendo las maletas.

La situación es grave señores. Cada persona que abandona la Isla deja de aportar a la economía, deja de pagar contribuciones y se lleva consigo parte del caudal intelectual del país. Además, se “desalma” el País. Sí, lo escribí como quería. No sólo se desarma sino que se “desalma”, porque se nos está yendo el alma misma de nuestro pueblo.

Holly City, Oklahoma

Holly City, Oklahoma

Una vez dije, que la salida en masa de puertorriqueños iba a dejar a nuestros País con vagos y viejitos. Pero me equivoqué. En realidad nos va a dejar con vagos, brutos y viejitos porque la fuga de cerebros es una calamidad igual o peor que la del capital o la juventud.

Déjame no decir más na’, porque luego va a haber gente que diga que mi “vaso siempre está vacío”. Sólo voy a dejarte unas preguntas para que las ponderes. ¿A quién le conviene todo esto? ¿Qué podemos hacer los ciudadanos —porque evidentemente al gobierno le importa muy poco— para frenar la sangría de boricuas? ¿Será mejor que sencillamente nos vayamos todos pal…? ¿Cómo se le da hacia atrás a este vórtice que se está tragando a nuestro País?

Yo no tengo las respuestas. Si las tuviera no haría las preguntas. Pero ciertamente la respuesta no puede ser seguir escuchando a los mismos comentaristas y políticos desgastados. ¿Qué nos pueden decir estos personajes que no hayamos escuchado durante los últimos 30 ó 40 años?

Vista desde Mount Scott, uno de los puntos más altos de Oklahoma

Vista desde Mount Scott, uno de los puntos más altos de Oklahoma

Una cosa es segura. Desde la distancia se ve más claro. Y se ve que un país mejor es posible (no, no lo digo porque sea el “eslogan” de “Rossellito”).. Pero claro, las soluciones no pueden ser las mismas del pasado. Tenemos que fomentar la solidaridad. Tenemos que unir esfuerzos y propósitos. Tenemos que frenar la fuga de talento. ¡Y sobre todo tenemos que juntar ideas!  Tenemos que pensar colectivamente hasta llegar a soluciones puertorriqueñas, para los problemas puertorriqueños.

Entre todos esos vagos, brutos y viejitos que nos van quedando, todavía quedan algunos seres de luz que nos pueden ayudar a trazar un nuevo mapa… una nueva ruta.

Lo que no podemos hacer es quedarnos como estamos.

De izquierda a derecha: “Orlandito”, Rosalyn, Eliezer, María, yo y Zoraida

De izquierda a derecha: “Orlandito”, Rosalyn, Eliezer, María, yo y Zoraida

Ah, y casi se me quedaba. Habrás notado que hacía casi 7 meses que no escribía para Picadillo. Y la razón es sencilla. Por regla general los puertorriqueños leen muy poco. Prefieren llamar a los programas de radio para dar opiniones desinformadas sobre temas que a menudo ni entienden.  Coño, yo he escuchado a gente llamar a un programa para preguntar de qué están hablando y a continuación comentar.  Lo que le gusta es escuchar su voz en la radio.

Durante el periodo en que no he escrito para Picadillo he invertido mi esfuerzo en Hablando De Tecnología, cuya audiencia radica en gran medida fuera de la Isla y ha crecido marcadamente durante el pasado año.  De hecho, la semana próxima cumplirá los 200 programas.

Pero hay temas sobre los que hay que quedar en récord, aunque sepamos que pocos van a leer lo que escribamos. Así por lo menos me queda la tranquilidad de que identifiqué la situación, la denuncié y ofrecí mis ideas. Más que eso qué puedo hacer.

Para finalizar quiero darle las gracias a mi hijo Orlandito, a mi nuera María, a mi primo Eliezer, a su esposa Rosalyn, al vecino de mi hijo Adán y a su esposa Debbie por regalarnos —cada uno en su medida— 21 días maravillosos.

Esperamos regresar el próximo año.

©2016, Orlando Mergal, MA
_________________
El autor es Socio Fundador de Accurate Communications,
Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de
media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de
Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.
Inf. 787-750-0000 • 787-306-1590

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4 comentarios

  1. Eliezer Adorno, Dallas-Fort Worth, Texas

    Gracias Sr Mergal por intentar darle al puertorriqueño en la isla un entendimiento del sentir de “Los Quitaos”. Como bien señala usted, la diáspora la componen los que renunciaron al desastre social, económico y administrativo de la isla. y recogieron sus tereques para ir a sacrificarse y esforzarse a un lugar que, aunque no sea el nuestro, la hacemos por méritos propios y no a base de por quién votamos en las elecciones.

    Adeás, una de las cosas que más sufrimos es tener que venir a otra tierra a conseguir lo que en nuestro país no alcanzamos ni en sueños. Sepan ustedes que en ese bote no sólo estamos los puertorriqueños, sino la mayoría de los que vienen a este país en busca de una mejor alternativa de vida.

    • Una de las cosas que ha caracterizado por siempre al puertorriqueño es la costumbre de tratar de ridiculizar a aquellos que se atreven a hacer lo que ellos no hacen ni entienden. Fueron los isleños los que le pusieron el mote de “nuyoricans” a los puertorriqueños e hijos de puertorriqueños que regresaban a la Isla durante la década de los 60’s. ¿La razón? Pues porque tenían un hablar “raro” y —por supuesto— una visión de mundo distinta.

      Ahora le llaman “quita’os” a los que abandonan la Isla en busca de un mejor futuro. A eso se le llama una “falacia ad hominem”, más comúnmente conocido como “matar al mensajero”. Como son incapaces de debatir en el plano de las ideas tratan de destruir el carácter de la persona en cuestión o ridiculizarla. ¡Pobrecitos!

  2. Carlos Morales Figueroa

    Orlando,

    Excelente articulo!

    Carlos y Betzaida

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