Amigos, Contactos y Seguidores

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La amistad montada sobre un marco de anonimato es un oxímoron.

La amistad montada sobre un marco de anonimato es un oxímoron.

¿Te has preguntado alguna vez para qué sirven todos esos amigos, contactos y seguidores que acumulamos a diario en las redes sociales?

El filósofo griego Aristóteles dijo, en el siglo 4 antes de Cristo, que “el hombre es un ser social”. Veinticuatro siglos más tarde eso sigue siendo cierto. Pero, ¿en realidad estamos “socializando” más? ¿O nos agregamos desde el individualismo?

La llegada de la Internet, en la década de los 90’s, echó un velo de anonimato sobre un proceso que hasta entonces había sido un juego de contacto. Tradicionalmente la gente se encontraba en lugares públicos, se estrechaban la mano y conversaban. Pero de pronto todo eso cambio. Ahora un depredador sexual podía proyectarse como un joven inocente para embaucar a nuestros hijos. Un hacker al otro lado del mundo podía embaucarnos y obtener nuestros datos personales o financieros. Lo mismo podían hacer los hombres y mujeres de negocios. El mundo se tornó más cínico.

Hoy en día la Internet pone todo “a nuestro alcance”. ¿Pero, cuánto es real?

La llegada de las redes sociales, a comienzos del tercer milenio, vino a llenar el vacío que sentían los usuarios de Internet de que se “humanizara” la red. De momento nuestras contrapartes ya no eran letras y números al otro lado de los pixeles, sino gente de carne y hueso —en ocasiones hasta con “caras”— a los que “en algunos casos” hasta conocíamos en la vida real.

Pero no hay nada perfecto. Los propulsores de este nuevo estilo de socializar nos han dicho, de manera consistente, que la manera de ser “influyentes” dentro de este nuevo escenario es acumulando grandes cantidades de amigos, contactos y seguidores. Y no hay duda de que para impulsar algunas causas estos pueden resultar útiles. Pero, ¿cuántos de ellos te llevarían flores si estuvieras mirando al techo en un hospital?

El otro día tuve a un grupo de amigos de la infancia reunidos en casa para tomar unas copas de vino y “componer el mundo”. Se trataba de gente educada, leída, viajada y experimentada con la que se puede explorar temas escabrosos de manera templada. Como hubiera dicho León Felipe, eran gente a las que “le han hecho todos los cuentos***. Por alguna razón, luego de visitar los problemas económicos y políticos de España, la crisis Griega, el problema económico local y decenas de temas más, terminamos hablando de la amistad.

Y obligadamente surgió el tema de las redes sociales. Uno de ellos mencionó que había visitado mi perfil en LinkedIn, y le había sorprendido que ya estuviera alcanzando los 500 contactos. Obviamente, no pude más que reírme, porque la verdad es que de toda esa gente conozco personalmente a un puñado. Y esos, que sí conozco, los conocía mucho antes de existir LinkedIn.

No pienses que estoy menospreciando estas nuevas maneras de relacionarse. Ciertamente pienso que realizan una función necesaria. Pero lo que no puede ser es que montemos la “amistad” sobre el marco del anonimato. Eso, en sí mismo, sería un oxímoron.

¿Por qué no reunir a todas esas mentes privilegiadas bajo un mismo techo y convertirlos en amigos de verdad?

¿Por qué no reunir a todas esas mentes privilegiadas bajo un mismo techo y convertirlos en amigos de verdad?

La progresión lógica de tanta “amistad” tiene que ser la relación directa, física y presencial. Esto ya se está haciendo en los Estados Unidos y en Europa, donde los participantes en estas redes acuerdan encontrarse físicamente en algún lugar público para estrechar manos, conversar y elevar la relación a un plano personal.

Yo soy fanático de LinkedIn. En la mayoría de los casos las conversaciones que allí se suscitan son sobre temas importantes que se discuten de manera inteligente y desapasionada. Y lo gracioso del caso es que, a pesar de que participo frecuentemente en esos foros, y coincido con muchos de los puntos de vista que allí se esbozan, no conozco personalmente a la mayoría de los participantes. ¡Y me atrevería a apostar que a ellos le sucede lo mismo!

Esa gente tiene algo en la cabeza. Con ellos se puede conversar. ¿Por qué no reunirlos bajo un mismo techo para explorar los temas apremiantes del país? ¿Por qué no “linkiarnos” de verdad.

Si te sientes como yo, si crees que esta es una buena idea, o si sabes de alguien que ya lo esté haciendo, añade tu comentario abajo.

Hasta la próxima amigos…

©2012, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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