Cuando Venga El Marullo

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MarulloHace poco más de una semana que un terremoto de proporciones monstruosas devastó una porción considerable del Japón.  El efecto de este fenómeno ha servido para propiciar una serie de discusiones a nivel mundial sobre los efectos de un terremoto, el Tsunami que en muchos casos le sucede y lo nefasta que puede resultar la presencia de plantas de energía nuclear en países que estén en riesgo de verse afectados por este tipo de desastre..

La crisis japonesa también ha servido para ilustrar cómo un pueblo culto y trabajador es capaz de enfrentar la adversidad de manera ordenada y paciente.

En Puerto Rico el temblor de Japón ha sido abono para desatar la fabricación de noticias, y ejercicios gubernamentales desarticulados.  No me malentiendan.  Ciertamente es importante preparar al país para cualquier tipo de crisis que se presente.  Pero lo que no podemos hacer es desentendernos de los verdaderos problemas del país para inundar los medios de reportajes innecesarios.

¿Cómo aporta a la psiquis colectiva del boricua hacer una serie de reportajes sobre una planta nuclear clausurada en el área oeste de la Isla?  Hay que ver la cantidad de personas que llamaron a las distintas emisoras de radio preocupadas porque la planta nuclear podía explotar.

Así mismo, ya el gobierno se montó en el vagón del sensacionalismo para celebrar su primer simulacro.  Simulacro que lo único que sirvió fue para ilustrar lo poco preparada que está la Isla para enfrentar un crisis de cualquier tipo.  Ni se diga un terremoto de magnitud 8.9.

La realidad monda y lironda es que de Puerto Rico sufrir los efectos de un terremoto, como el que afectó al Japón, estaría el muerto “josco”.  Particularmente personas pobres, de poca educación y envejecientes.

Ay y el Internet… el bendito Internet.  Cada vez que entrevistan a uno de estos mediocres en la radio o en la televisión una de las primeras cosas de las que se jactan es de la gran cantidad de información que hay disponible en las distintas páginas de Internet del gobierno.  Lo que estas personas ocultan es que la penetración del Internet en Puerto Rico —la verdadera— es de apenas 25.1%.  No es del 40 ó 50% como le quieren hacer creer al pueblo.

¿No me crees?  Pues léelo tu mismo(a).  Todo lo que tienes que hacer es visitar el siguiente URL: http://www.internetworldstats.com/car/pr.htm.

Lo que pasa es que es fácil despachar el problema tratándole de pasar la responsabilidad al pueblo.  El mensaje subyacente es que la información está disponible, y si usted no la accede el problema es suyo.

Claro, doña Chencha, que reside en el barrio Cuatro Estacas de Morovis, no tiene ni idea de lo que es la Internet.  Tampoco se tiene que preocupar de morir ahogada en el marullo porque el Tsunami —por grande que sea— no va a llegar a Morovis.  Pero lo que sí va adolecer es de energía eléctrica, agua, teléfono, medicamentos, alimentos, transportación y cualquier otra amenidad de la vida moderna en sociedad.  Doña Chencha va a estar sequicita pero “chavá” en el barrio Cuatro Estacas.  Si doña Chencha es diabética, cardiaca o paciente renal posiblemente va a morir por causa del aislamiento.

Don Acracio, que vive en el Barrio Bejucal, a las orillas del mar en un pueblo de la costa oeste, probablemente va a morir ahogado.  ¿Porqué?  Porque no tiene un computador y no tiene un celular.  Don Acracio vive al margen de la tecnología.

Lo verdaderamente ofensivo de este tipo de actuación por parte del gobierno es que nos está ilustrando con claridad lo poco que en realidad les importa el bienestar del pueblo.

Hablando a “calzón quitao” en un escenario como el del Japón en Puerto Rico estaría el muerto “choreto”.  Y esos muertos serían pobres, analfabetas funcionales y envejecientes.

Por más de dos años he tratado de fomentar el uso de computadoras entre el sector de la tercera edad en Puerto Rico.  Por eso produje los programas “Las Computadoras En La Edad De Oro” y “La Internet En La Edad De Oro”.

Claro, para el puertorriqueño promedio es más importante el chisme político del momento y el faranduleo.  ¿Para qué ocuparnos de las cosas verdaderamente importantes?  Después de todo va llegar el cheque de FEMA.  El alcalde va a resolver.  Lo único que vamos a tener que hacer es esperar pacientemente en el balcón.

Quizás pienses que estoy siendo cínico.  Bueno sí.  Quizás un poco.  Pero esto que te voy a contar viene derechito de la vida real.  Varias semanas después del huracán “Georges” vi un reportaje de televisión en el que estaban entrevistando a este ciudadano que había perdido gran parte de sus pertenencias durante la tormenta.  Había que oírlo hablar.  Estaba disgustado porque el alcalde no había pasado por allí.  ¿Y qué había hecho él?  Esperar.

Esa es la diferencia entre un pueblo mendigo —un pueblo al que el coloniaje le ha quebrado el espíritu y las ansias de superación— y el pueblo japonés.  El problema es que de Puerto Rico sufrir los embates de un desastre como el del Japón “el alcalde no va a venir”.  Ni hoy, ni mañana y quizás nunca.

Cuando venga el marullo quien único nos va a ayudar —si es que alguien nos ayuda— seremos nosotros mismos.  Nos va ayudar la preparación.  La que hagamos ahora.  La que hagamos nosotros… los ciudadanos.

El gobierno está demasiado ocupado haciendo circos mediáticos.  Los países que han logrado lidiar efectivamente con este tipo de situación lo han hecho a través de una cultura de preparación.

Cuando me refiero a una cultura de preparación hablo de incrustar el concepto en el DNA de sus ciudadanos y no a la celebración de simulacros aislados diseñados para lograr cobertura mediática.  Por ejemplo, cuando yo era pequeño estudiaba en una escuela pública del estado de Nueva York.  Desde que entré al Kindergarten hasta el cuarto grado —cuando nos regresamos a Puerto Rico— participé en simulacros semanales.  En unos casos eran de fuego y en otros de un ataque nuclear.

Debatir la utilidad de prepararse para un ataque nuclear va más allá del alcance de este artículo.  Pero una cosa es cierta.  En caso de fuego mis compañeritos y yo sabíamos exactamente qué hacer.

Eso es lo que hace falta en Puerto Rico.  Hay que desarrollar una cultura de preparación en cada ciudadano.  Eso no se logra con simulacros aislados.  Eso se logra con la repetición.  Eso se logra celebrando simulacros en las escuelas, en las factorías, en los edificios de oficinas, en las iglesias, en las asociaciones sin fines de lucro… en fin, en cada rincón de la Isla.

Los medios… claro que hacen falta.  Pero no pueden estar al centro del asunto porque entonces se convierte en un espectáculo.  Las compañías de celulares… claro que hacen falta.  Pero no como jefes de pista en un circo publicitario.

Si de verdad el gobierno interesa preparar al pueblo para enfrentar una calamidad de tan magnas proporciones tiene que hacerlo con una mentalidad organizativa.  Ir montando poco a poco el muñeco hasta lograr una ciudadanía verdaderamente educada en estos asuntos.  De lo contrario continuarán con esfuerzos desarticulados que lo único que servirán es para ilustrar nuestra ignorancia colectiva y falta de preparación.

©2011, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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