Cuidao’ Que Te Cojo…

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¿Te gusta que te vigilen constantemente? A tus empleados tampoco le gusta.

¿Te gusta que te vigilen constantemente? A tus empleados tampoco le gusta.

El otro día escuchaba en una de las emisoras de radio AM del País a una “programadora” que se hace llamar “la voz oficial de la tecnología”; aunque no lo diga más que ella.  En esa ocasión sus invitados y ella hablaban sobre la seguridad en las empresas, y cómo la tecnología supuestamente podía ser el “curalotodo” para los males que aquejan a empresarios de todos los tamaños.

Gracias a Dios que a la hora y el día que sale ese programa al aire los empresarios están durmiendo o jugando golf; porque ese tipo de información es hasta peligrosa.

Entre las recomendaciones que hicieron esta gente durante el programa estuvieron varios sistemas de monitoreo electrónico, sistemas de ponche y cámaras de seguridad. Menos mal que no recomendaron inyectar a los empleados con dispositivos RFID. Es decir, según esta gente, el escenario de trabajo ideal debería ser como una especie de “Gulag Jíbaro” en el que le exprimamos la última onza de sudor al trabajador.

Casi toda la hora se fue en hablar sobre las maneras “creativas” en que los empleados buscan cómo burlar los sistemas de ponche, hacer menos labor de la que se le requiere y violentar cuanta regla establezca el patrono. Por lo tanto, la manera de arreglar el problema —según esta gente— es instalar medidas más sofisticadas de medición, coerción y vigilancia.

La verdad es que daba pena. Me recordaba a esos padres que continuamente están amenazando a los hijos para que estudien, recojan el cuarto, se bañen y se laven los dientes. Y mientras más presión les ponen, más maneras creativas se inventan los muchachos para vivir en un reguero y quedarse brutos, apestosos y con los dientes amarillos.

¿Acaso esta gente no han oído hablar de la psicología? ¿Acaso no saben que a los seres humanos —de todas las edades— nos encanta hacer lo prohibido?

Yo pienso que la relación obrero-patronal tiene que estar basada en la madurez, en el mutuo acuerdo y en la confianza. De lo contrario vamos a estar en constante tensión.

Claro que hay que tener sistemas de seguridad y cámaras de vigilancia. Pero no para hostigar a los empleados.

Las empresas modernas establecen sistemas de evaluación de desempeño y retribución basados en descripciones de puestos. En otras palabras, el empleado sabe de antemano exactamente lo que se espera de él/ella y luego se le mide a base de su desempeño.

Claro, este no es un proceso en el que se suelte al empleado a su suerte y se le mida al final del camino. Los sistemas correctamente estructurados miden continuamente el progreso del empleado y van haciendo ajustes a lo largo del año para asegurar que al final las metas se cumplan.

Este proceso va estrechamente de la mano con el adiestramiento, la comunicación y el reconocimiento.

No podemos pedirle al empleado que haga su labor correctamente si no lo adiestramos primero. Este proceso tampoco se basa en una sola intervención. Hay que medir constantemente para asegurarnos de que el empleado está poniendo en práctica lo aprendido, que no se quedó con dudas, o que sencillamente hubo cosas que no entendió. De ser ese el caso hay que refrescar el conocimiento y aclarar cualquier duda que surja sobre la marcha.

También hay que mantener las vías de comunicación abiertas. Y comunicar no es sólo hablar. También hay que escuchar. De hecho, Dios nos dio dos orejas y una sola boca para que escuchemos más de lo que hablemos.

Y no se trata de escuchar por escuchar. Hay que escuchar de manera afirmativa. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que hay que atender las inquietudes de los empleados y presentar soluciones que sean beneficiosas para ellos y para la empresa.

Finalmente, hay que reconocer. En su libro “The One Minute Manager” Ken Blanchard nos habla de coger al empleado haciendo algo bien. No algo mal… Algo bien…

Todos los seres humanos vivimos sintonizados a la misma emisora “WIIFM” (What’s In It For Me?). En buen boricano “¿y pa’ mí qué hay?”.

Y no siempre tiene que ser dinero. A veces una pequeña felicitación al frente de todos los compañeros es todo lo que hace falta. A todos nos gusta que nos reconozcan.

¿Has tratado de empujar un espagueti cocido?

¿Has tratado de empujar un espagueti cocido?

Fíjate qué curioso. Cuando los tiempos se ponen difíciles en lo primero que recortan las empresas es en adiestramiento, comunicación y reconocimiento. El resultado es que la gente se va tornando más torpe, más retraída y más rebelde.

Ahora pregúntate: ¿en tiempos de crisis prefieres tener gente torpe, retraída y rebelde a tu lado o gente adiestrada, comunicativa y motivada?

Para finalizar, no pienses que soy tan ingenuo como para pensar que en el ambiente laboral todo es color de rosa; que no va a haber gente que intente violentar los sistemas; y que no va a haber gente difícil cuya consigna sencillamente va a ser vivir sin trabajar. Claro que los hay. Pero un buen sistema de evaluación provee para lidiar con ese tipo de empleado también.

¡Progresivamente se va ahorcando con su propia soga! Las amonestaciones se van acumulando hasta que un buen día termina “de patitas” en la calle. ¿Y sabes qué? Lo peor es que cuando eso sucede no tiene recurso alguno. ¿Por qué? Porque la documentación va a asistir a la empresa.

Hace tiempo escuché a alguien decir que “si le damos un martillo a un ignorante lo va a querer arreglar todo a martillazos”.  Aquellos de ustedes que me conocen hace años saben que muy pocas personas en Puerto Rico promulgan más la tecnología que yo. Es algo que traje en el DNA. Pero la tecnología no es una panacea.

A veces hay que hacer como decía aquel famoso salsero cubano Justo Betancourt: “hay que tener psicología”.  Mientras más nos empeñemos en forzar al empleado, más y más nos va a pasar como con el espagueti.

¿Te has fijado lo difícil que es empujar un espagueti cocido? No importa las veces que lo intentes, se va a doblar. Sin embargo, si lo halas, te lo vas a poder llevar derechito.

Lo mismo pasa con la gente. Es más fácil trazar el camino y andarlo juntos.

Pero basta ya de lo que yo pienso. ¿Qué piensas tu? ¿Prefieres que te traten como un adulto o prefieres que te vigilen como a los nenes?  Y en caso de que seas empresario(a) ¿cómo tratas a tus empleados? ¿Los vigilas continuamente o utilizas sistemas de medición de desempeño?

Hablemos un poco del tema…. Y por favor, no te vayas a LinkedIn a comentar. Escribe tus comentarios en el espacio aquí abajo.

©2013, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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