Educación “Fuera de la Caja”

Share
Nuestra oferta educativa tiene que ajustarse a la realidad del momento

Nuestra oferta educativa tiene que ajustarse a la realidad del momento

El sistema educativo de Puerto Rico está en crisis. No sólo por la decreciente calidad de los distintos elementos que lo componen, sino por el desfase cada vez mayor entre los distintos sectores que lo integran y sus clientes.

Escogí la metáfora “fuera de la caja” entendiendo que es un concepto trillado. Pero en el caso de la educación resulta especialmente ilustrativo.

Supón por un momento que visualizamos una escuela o universidad como una gran caja en la que echamos profesores, administradores, personal de apoyo, libros y materiales. Por un lado de la caja introducimos a nuestros estudiantes y por el otro deberíamos sacar ciudadanos preparados y de provecho que le dieran continuidad a un proyecto de país.

Pero el modelo está roto. La mitad del insumo se pierde. La otra mitad sale defectuoso casi en su totalidad. Alguno que otro sale bien, sin que entendamos del todo por qué.

En días recientes leí en El Nuevo Día que la Universidad de Puerto Rico va a eliminar más de 400 sesiones durante este próximo semestre. Claro, la noticia pasó sin pena ni gloria, porque los puertorriqueños estábamos demasiado ocupados discutiendo otros asuntos “importantes”, como el referéndum de agosto.

Otros centros universitarios están haciendo lo mismo. Están recogiendo vela. Algunos ejemplos que me vienen a la mente son la Universidad Politécnica y la Universidad del Este, del Sistema Universitario Ana G. Méndez. ¿Cómo lo sé? Porque conozco gente en ambos centros y me lo han comentado.

Lo mismo está sucediendo a nivel escolar; particularmente en los colegios privados. La crisis económica ha hecho que muchas familias saquen a sus hijos de los colegios. ¿Y qué han hecho? ¿Moverlos a la escuela pública? No, esa también está experimentando una reducción de matrícula. ¿Entonces, a dónde? Se están yendo del país.

Las estadísticas de emigración son alarmantes. Y lo peor de todo es que la gente que está abandonando el país es la más educada… los bilingües… los que ocupaban puestos en nuestros sectores más productivos.

Pero seguir elaborando sobre la fuga de cerebros que está sufriendo Puerto Rico sería llover sobre mojado. Eso ya es de conocimiento público en la Isla y a nadie parece preocuparle. Así que volvamos a la educación.

El modelo educativo de Puerto Rico, particularmente el universitario, está basado en un modelo de la era industrial. En este modelo tenemos una facilidad de manufactura (la universidad) a la que le aplicamos recursos (dinero) y materia prima (estudiantes) para fabricar un producto (graduados). A diferencia de la fábrica convencional este producto no se fabrica en minutos sino en años. Y, en muchos casos, esto hace que esté obsoleto desde que sale a la luz.

Al igual que las grandes organizaciones, muchas universidades se han convertido en monstruos monolíticos que se mueven a la velocidad de un suero. Sus curriculos se obsoletizan sin que se den cuenta. El desfase entre lo que exige el mercado y lo que ellos producen es abismal.

En segundo lugar tenemos que mirar la demografía. Cada diez años el gobierno norteamericano hace un censo. Los resultados de ese censo están supuestos a servir de base para la planificación.

En Puerto Rico nos pasamos el censo por donde no nos da el sol y actuamos conforme al más reciente capricho político.

Hace un par de años, cuando todavía hacía el programa de los jueves con Jorge Seijo, decidí comentar sobre los más recientes resultados del censo en lo que se refería a Puerto Rico. Recuerdo que un dato que conmovió a la audiencia fue que por primera vez se había registrado un descenso en la población de Puerto Rico. También se habían disminuido los nacimientos, mientras la mortalidad se mantuvo constante.

¿Qué evidenciaban estos resultados? En aquella ocasión comenté que no se trataba de que los puertorriqueños nos hubiéramos vuelto “menos juguetones”. Los datos lo que demostraban era que los nacimientos se estaban registrando en otra jurisdicción. Mayormente en Orlando, Florida.

Ahora, piénsalo. ¿Si la gente en edad productiva y reproductiva se está yendo del país no sería lógico pensar que los centros educativos van a experimentar una merma en la demanda?

Para esa misma época los republicanos tomaron el control de la Cámara de Representantes en los Estados Unidos. De inmediato comenzaron las amenazas de recortes; particularmente a los presupuestos para la educación.

¿Y qué hicieron nuestros centros universitarios? Ampliar la oferta. Pero no me creas a mí. Pasa por la Universidad del Este, por Ana G, Méndez en Cupey y por otros centros universitarios del país, a ver si no observas un frenesí de construcción.

Las fábricas de diplomas están desbocadas.

Mientras la posible clientela se reduce, y el país se mueve acéfalo, ellos están aumentando la oferta. John Maynard Keynes debe estar revolcándose en la tumba.

¿Y sabes qué? Lo peor de todo es que el puertorriqueño necesita educarse desesperadamente. No instruirse… educarse. Nuestra isla vive rodeada de espejos. Nos ocupamos de nimiedades mientras la parada de naciones nos marcha por el lado. Opinamos, pero no leemos. Somos como Hamsters en la rueda del progreso. Corremos desenfrenados sin saber a dónde. Ah, y que nadie se atreva a cuestionar nuestra pericia. Somos bocones, peliones, tercos y expertos… un país repleto de peritos… con “peritonitis”. ¿Para qué estudiar? Después de todo el cheque del pan llega “solito” mes tras mes. Es como para enloquecer. Y de eso también tenemos bastante.

¿Qué hacer con nuestros centros educativos?

No, no se me olvidó. Es que a veces me monto en tribuna sin querer. Pero ya ustedes me conocen. Perdónenme.

Pensándolo bien, no me perdonen na’. Después de todo, díganme: ¿Tengo razón o no?

Pero volvamos a los centros educativos. Dice un viejo adagio que “si Mahoma no va a la montaña, la montaña tiene que venir a donde Mahoma”. Déjenme contarles una historia.

Tengo un hijo que vive en la ciudad de Cleveland, en el estado de Ohio. Como muchos puertorriqueños confundidos no tenía demasiado interés por la escuela superior. Así que se inscribió en el ejército y pasó 5 años en Irak. Afortunadamente, firmó para un programa de estudios garantizados y se licenció a los 5 años siendo experto tornero; lo que en español le llaman “tool and die maker”.

Al licenciarse se casó con una muchacha de Ohio y comenzó a trabajar en una empresa que fabrica piezas para la industria aeroespacial. Hoy en día es el empleado de más progreso en la empresa.

¿Por qué les cuento esto? No es para echármelas. Aunque tengo más que sobradas razones para sentirme orgulloso. Es para explicarles el “cómo”.

Resulta que esta empresa tiene un acuerdo con una de las universidades de ingeniería más prestigiosas de Cleveland para adiestrar a sus empleados. Pero en lugar de enviar los empleados a la Universidad, la montaña viene a donde Mahoma.

Los empleados toman cursos de todo tipo, durante horas laborables, y en las mismas facilidades de la empresa.

Mi hijo tomó todos los cursos que habían disponibles y, hoy por hoy, diseña algunos de los sistemas que utiliza la compañía para fabricar piezas.

Nuestras empresas pudieran hacer lo mismo. Y nuestras universidades también. ¿En lugar de seguir invirtiendo en infraestructura, por qué no invertir en talento —ese mismo que están dejando que escape del país— y llevar la universidad a las instalaciones del cliente.

Esta relación simbiótica no sólo sería beneficiosa para ambas partes —que después de todo es lo que significa el término— sino que sería más eficiente y efectiva.

Pregúntale a cualquier patrono que valga la pena (eso necesariamente deja afuera al gobierno) y te va a decir que los empleados llegan con todo tipo de deficiencias. Algunos son incapaces hasta de preparar un resumé. No le pidas que redacten. No le pidas que contesten un teléfono… ni que hagan una presentación. ¡Mi madre! A veces uno se pregunta para qué fueron a la universidad.

¿Y qué tiene que hacer la empresa? Adiestrarlos. Su primera labor es reparar el personal “defectuoso” que recibe.

¿Y quién ofrece esos cursos? En unos casos consultores y en otros el personal de la empresa. En ambos casos esto representa costos en infraestructura, personal, tiempo y decenas de cosas más.

Tomemos otro ejemplo. Cada día se hace más difícil conseguir personal con la educación y el “compromiso” que las empresas esperan. El lado de la educación ya lo hemos explicado bastante. El lado del compromiso… bueno, ese se han encargado de minarlo las mismas empresas.

En su desenfreno por producir cada vez más, invirtiendo cada vez menos, han exprimido al trabajador hasta volverlo cínico. A los empleados le sucede como a León Felipe: “ya han escuchado todos los cuentos”. El empleado de hoy está claro de que los términos como “rightsizing” “downsizing”, “outplacement”, “lean management” y “right sizing” no son más que eufemismos de un sistema explotador.

Eso a su vez ha contribuido a que los jóvenes de hoy no le crean. Después de todo ellos vieron como sus padres “baby boomers” “dejaban el cuero” por la empresa. Sacrificaron su juventud, su salud y su familia para cumplir con los “objetivos” de la empresas. ¿Recuerdas cuando se puso de moda el “management by objectives”? ¿Los objetivos de quién?

Muchas empresas se han visto en la disyuntiva de tener que reclutar personas de la tercera edad. ¿Por qué? Porque tienen “más sentido de compromiso”. En otras palabras, son más zánganos que la generación de hoy.

Pero estos “reclutas” también llegan con deficiencias. Muchos no saben inglés. La mayoría desconoce sobre computadoras… o sobre la Internet. Tienen una buena “ética del trabajo” pero vienen de la era del “eight track”.

Aquí también pueden ayudar las universidades y hasta las escuelas secundarias. Tenemos que educar a un país. Yo sé que esto asusta a los políticos, porque los pueblos educados “cuestionan”, pero en menos de 20 años la población de Puerto Rico va a estar compuesta de las dos “v”: vagos y viejitos. ¿Qué vamos a hacer entonces?

Si quieres ver lo desenfocado que está nuestro sistema universitario lo único que tienes que hacer es ver sus anuncios de televisión. ¿Qué ves? Gente joven, de clase media y mayormente blanca, estudiando carreras altamente técnicas. Pero esa gente es la que se está yendo de Puerto Rico. Los puertorriqueños entre 15 y 25 años de edad viven cada vez más en Orlando, o se piensan ir pa’ allá. ¿Acaso esta gente no hacen estudios de mercadeo?

¿Y los negros? Bueno, mirando los anuncios uno pensaría que los boricuas son como decía Rubén Blades, en su canción Ligia Elena, “hasta con los dientes rubios”, y con acento latinoamericano.

Tenemos que reenfocar nuestro sistema educativo. Tenemos que pensar fuera de la caja… quizás hasta romper la caja por completo. No quiere decir que dejemos de producir médicos e ingenieros. Pero tenemos que producir lo que necesita el país. Y en los próximos años lo que vamos a necesitar va a ser manos que trabajen. Manos diestras. Manos educadas. Manos comprometidas.

Puerto Rico está al borde de un precipicio. La economía está en el piso, le debemos a cada santo una vela, el crimen está fuera de control, nuestros funcionarios públicos no saben dónde tienen las narices, y la educación da ganas de llorar. ¿Y sabes qué? El problema nos es ninguno de estos males por sí sólo; aunque  ya de por sí serían motivo para alarmarse. El problema viene cuando se combinan. Es algo así como el “Perfect Storm”.

La isla del encanto se ha vuelta la isla del espanto. Los problemas parecen insalvables. Los mejores se nos van. Otros… demasido pocos… —como yo— somos lo suficientemente masoquistas como para seguir tratando.  Pero cada día somos más especies en peligro de extinsión.

Casi todas las mañanas visito la red social LinkedIn. Pienso que el nivel de la discusión es un poco mejor. Además, me codeo con “lo más granado” del ambiente profesional. Pero basta con visitar los grupos de Puerto Rico para ver como la bendita política roba nuestras mejores energías. No importa el tema que sea terminamos hablando del bendito estatus. Nos neutralizamos unos a otros. Nos mofamos de las ideas.

Mientras tanto, el “Hamster” sigue ahí. Dando vuelta en la rueda. Seguimos manoseando los mismos temas. Sin llegar a ningún sitio. Sin progresar una pulgada.

Gente, por algún sitio hay que empezar. Yo apuesto a la educación. ¿Y tú?

©2012, Orlando Mergal
_________________
El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

logo-linkedIn

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

No se admiten más comentarios