El Antídoto

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sapo_antidotoEn días recientes hemos escuchado cómo se debate en la prensa que Puerto Rico es un pueblo enfermo.  ¿De veras?  Parece mentira que se ventee este dato como noticia cuando el paciente ha estado moribundo por décadas.

¿De quién es la culpa?  De todos… de algunos… de nadie… Todas las anteriores.

La destrucción de la autoestima del puertorriqueño y la corrupción de su espíritu no es un problema de ahora.  Data de siglos.  Durante 517 años nos han inculcado que somos una porquería, que somos incapaces de sobrevivir sin la metrópoli.  Hasta nuestro escudo nacional lleva un cordero manso.

A unos les ha sucedido como a los elefantes de circo, que aún pesando más de 4 toneladas son incapaces de arrancar la pequeña estaca que los mantiene cautivos.  ¿Por qué?  Porque su mente está cautiva.

Otros parecen estar inmunes.  Brillan como diamantes aún en condiciones paupérrimas.  A estos nadie les dijo que no estaban supuestos a triunfar.  Nadie los tildó de incapaces.  O quizás no prestaron atención.

Según “Google Answers” la persona promedio ve cerca de 3,000 mensajes publicitarios al día.  No los mira, pero los ve.  Mirar implica prestar atención.  Verlos sólo registra un dato en el subconsciente.

Pero esa no es ni remotamente toda la información que recibimos diariamente.  A eso hay que sumarle los programas de televisión, los de radio, los correos electrónicos, los mensajes de texto, la Internet.  Ciertamente los medios tienen un efecto directo —y a menudo devastador— sobre la forma en que los puertorriqueños nos percibimos como individuos y como sociedad.

Exploremos un día típico en la “Isla del Encanto”.  El 40% de los puertorriqueños que trabajan se levantan como a las 5:00 de la mañana.  A muchos los despierta un radio/reloj que a primera luz le endilga los muertos del día anterior, los de la madrugada, las travesuras de nuestros legisladrones, la situación caótica del país, el informe del tránsito (tapón en todas partes) y el informe del tiempo.

Para echarle sal a la herida, estos noticiarios repiten el mismo bloque cada media hora.  ¿Que no me crees?  Fíjate bien cuando lo pongas mañana.  Así que los que salen como a las 6:00am de su casa reciben una doble dosis.

Entonces se meten al tránsito.  Hace como 20 años, cuando trabajé a sueldo por última vez, el tapón de Carolina comenzaba en el elevado de la Base Muñiz.  Para esa misma época el Gobierno “invirtió” $102 millones para mejorar la Ave. Baldorioty y convertirla en “Expreso”.  Hoy en día el tapón empieza mucho más atrás, en la Ruta 66.

Pero Carolina no es el único caso.  Ni el peor.  El tapón de Caguas comienza más allá del peaje de Caguas Sur, por el “Expreso” de San Juan a Ponce y cerca de Gurabo por el “Expreso de Caguas a Humacao.

El de Bayamón, ¡mi madre!  Ese comienza más allá de la salida para Dorado.

¿Qué clase de actitud puede tener un ser humano cuando llega a su trabajo, luego de un tapón de casi dos horas?

Pero la cosa no se queda ahí.  Por la tarde ese mismo ser humano se raspa dos horas más de tapón para llegar a su hogar.  Asumiendo que trabaje 8 horas al día, esta persona recibe paga por ocho horas y trabaja 12.

Pero hay más.

Cuando nuestro amigo (o amiga) se monta en su automóvil generalmente enciende la radio.  No importa la emisora que ponga el mensaje es el mismo:  “esto está jodío”.  Le vuelven a pasar la ristra de muertos, lo que se robaron los legisladrones, el informe del tránsito —que no le sirve de nada porque dondequiera está igual—y el pronóstico del tiempo.

Al igual que la televisión, le reciclan las mismas noticias todo el día.  ¿Por qué?  Porque en Puerto Rico lo único que es noticia es el dime y direte, la mogolla política, el insulto, el crimen y el sexo.

Y los medios se encargan de repetírnoslo en todas partes y a todas horas.  Pero no me creas a mí.  Haz la prueba.

Pon cualquier emisora, de cualquier inclinación política a cualquier hora y van a estar discutiendo básicamente los mismos temas.  Lo único que varía es el color del cristal con que lo miran.

A veces pienso que los reporteros en Puerto Rico salen todos corriendo a las 8:00 de la mañana a ver cuál es el primero que llega al Capitolio.  Señores, fuera de Puerta de Tierra vive gente.

Y no hablemos de los temas o de la calidad de la redacción.  Todos se enfocan en los mismos temas y atropellan el vernáculo sin misericordia.  Conjugan palabras que no son verbos sin encomendarse a nadie.  Y el problema nos es sólo que lo hagan, es que piensan que están en lo correcto.  El aire de eruditos que destilan mete miedo.

Pero dejemos hasta aquí el ataque a la prensa.  Después de todo ellos también son víctimas del sistema… el de educación.

En días recientes también se ha ventilado como noticia que las escuelas de Puerto Rico son un asco.  ¿De veras?  ¿Y eso es noticia?

Hace como 12 años le hice un trabajo de fotografía a la Autoridad de Edificios Públicos.  El proyecto consistía en fotografiar una serie de mejoras que esta agencia había realizado en escuelas, hospitales y facilidades de vivienda.  Muchas de esas mejoras se realizaron en las facilidades sanitarias.

No hubo un sólo baño en el que hubiera papel sanitario.  Tuve que detenerme en la farmacia a comprar un par de rollos para colocarlos “temporeramente” en el área de los retretes y hacer mis fotos.

Hace unos años el Secretario de Justicia Roberto Sánchez Ramos tuvo la osadía de decir que en Puerto Rico existen dos sistemas de justicia.  Obviamente no hay que decir que le cayeron chinches.  Pero el problema es peor.  Hay dos sistemas educativos, dos sistemas de salud, dos economías…

Tomemos por ejemplo la educación.  Todo el mundo está de acuerdo en que hay que enfatizar en la enseñanzas de matemáticas, inglés y computadoras.  Sin embargo, nuestros estudiantes del sistema público salen con deficiencias serias precisamente en estas áreas.  Los egresados de colegio logran mejores notas en los exámenes de admisión.

Esto tiene una influencia directa en los puestos que ocupan luego al ingresar a la fuerza laboral.  ¿No será que las clases dominantes quieren asegurarse de tener tontos suficientes para explotarlos en el futuro?

Y no hablemos de los que abandonan la escuela.  No es casualidad que la mayoría de estas personas vengan de las clases más desventajadas.  Más del 60% de los puertorriqueños vive de dádivas federales.  Son presos de la impotencia.  Son incapaces de romper el ciclo vicioso por la ignorancia en la que los mantiene el mismo sistema.

Si se educaran cuestionarían.  Y ningún político inepto quiere una masa electoral que cuestione.  Así que mantenerlos en la ignorancia es negocio redondo.  Sobre todo cuando la cuenta la paga el tío Sam.

Ah, y hay que ver lo conformes que viven.  Desde su perspectiva tienen un negocio redondo.  El gobierno se lo paga todo y pueden hasta votar.  ¿Te has detenido alguna vez a pensar que en Puerto Rico el destino del país está en manos de las clases menos educadas?  ¿Que no me crees?  ¿Quiénes son la mayoría?  ¿Quiénes son los más que votan en términos porcentuales?

En Puerto Rico la gente que no produce determina el destino de los que trabajan.  No en balde tenemos una fuga desenfrenada de talento.

Esta gente —las clases menos aventajadas— es la misma que sale con pancartas en cada elección a vitorear a cada incompetente que se le para de frente.  Luego celebran la victoria.  Pero, la pregunta es ¿la victoria de quien?  El día después de las elecciones todo regresa a la normalidad.  El político no regresa por cuatro años y el pobre sigue fregao.

Sólo quedan los carteles, como mudos testigos de un ejercicio en futilidad.

Lo verdaderamente sorprendente es que cuatro años más tarde hacen los mismo.

¿Y que hay de la salud?  De esas también hay dos.  Nuestro sistema de salud está manga por hombro.  Claro, el de los pobres.  Los más acaudalados —los que estudiaron en colegios— tienen todas las alternativas a su haber.  Si la cosa se pone difícil cogen un avión y resuelven.  El pobre, que haga fila, que le nieguen los tratamientos, que le racionen las medicinas.  Después de todo, para el gobierno un pobre no vale na’, a menos que sea tiempo de elecciones.

Y así llegamos a la economía.  Ay, ¡la economía!  Está como la capa de ozono.  Tenemos un montón de gente viviendo del sistema, un montón de gente con los mecanismos para evadir el sistema y montón de gente abandonando el sistema.  ¿Quienes representan estos tres montones?  Los pobres, la clase media y la clase adinerada.

Los pobres aportan muy poco al sistema porque tienen muy poco que aportar. Sí, yo sé que suena como un trabalengua, pero es la verdad.  Estas personas casi no pagan contribución sobre ingreso porque casi no tienen ingresos.  Pagan menos IVU porque tienen menos ingreso discrecional y no pagan contribución por la propiedad —adivinaste— porque no tienen propiedades.

La clase media, esa paga de todo.  Son el jamón del sándwich.  La mayoría son asalariados, así que no se le pueden esconder a Hacienda.  Estos son los que están en la mira de los políticos buscones.  Estos son los más educados.  Estos son los que están emigrando en cantidades “navegables”.

Los más prósperos (fíjate como estoy evitando llamarle ricos) esos también contribuyen muy poco.  La mayoría son dueños de empresas.  Conocen —o sus contadores conocen— los subterfugios para evitar impuestos.

¿Recuerdas que hace como un año el Secretario de Hacienda hablo de que tenía como a cien dueños de yates en la mirilla por evasión contributiva?  ¿A cuántos encausó?  ¿Cuántos están presos?

Durante ese mismo periodo le empujó un impuesto especial sobre la  propiedad a la clase media.  ¿Todavía no entiendes por qué se están yendo?

Mientras tanto nuestros legisladrones hacen las maletas y se van a una convención sobre la lactancia.  Con gusto te diría lo que pienso sobre eso pero el artículo me quedaría XXX.

Y eso nos lleva al antídoto.  ¿Pensabas que se me había olvidado, que me había perdido por las ramas?  Pues no.  No me olvidé.

El problema es que el antídoto —por lo menos a nivel macro— no existe.  El paciente está demasiado enfermo.  Habría que hacer una purga como las de Stalin y entonces nos tildarían de pelús, revolucionarios y comunistas.

Tenemos que hacer la purga por dentro.  Hay que bajarse de la guagua (después de todo va en reversa).  Tristemente no podemos cambiar las cosas.  Pero si podemos cambiar lo que hacemos sobre las cosas… ante las cosas.

Yo comencé con el despertador.  Me compré un despertador con CD y en las mañanas me despierto con música.  ¿Qué clase de música?  La que me dé la gana.  ¡Que malcriao!   Es verdad.  Unos días me levanto con jazz, otros con música clásica, otras con flamenco.  Preparé un CD que algunos llamarían ecléctico.  Para mí es un puré musical.  ¡Me encanta!

La televisión local… a la mierda.  En las noches veo una o dos horas de programas de mi agrado, leo libros y escucho podcasts.  ¿Qué no sabes lo que son podcasts?  Otro día te hablaré de eso.  Quizás antes de lo que imaginas.  Pero basta decir que yo fui el primero en la Isla en hablar de podcasts —y de producirlos— hace más de 4 años.

Lo importante es que entendamos que nuestra realidad se reduce a las cosas en las que concentramos nuestra atención.  Sin invertimos energía en repetir lo jodío que está Puerto Rico eso mismo es lo que vamos a continuar manifestando.

¿Que no me crees?  Gástate $5 en Blockbuster y alquila “El Secreto”.  Te advierto que es en inglés, pero te explica en detalle la Ley de Atracción.  Puesto en palabras llanas:  “atraemos aquello en lo que concentramos nuestro pensamiento”.

Si invertimos nuestra energía en mogolla nuestra vida será una mogolla.

Tenemos que concentrar nuestra energía en superarnos, en aprender, en emprender, en innovar.  Albert Einstein dijo una vez que “la definición de la locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar un resultado diferente”.  Sigue tratando.  Sigue experimentando.  Cambia de enfoque. Pero sobre todas las cosas haz el cambio en ti.  Mientras no te des por vencido tendrás la opción de triunfar.

Y si todo esto te suena a oradores de autoayuda, de esos que se ponen de moda y luego nadie escucha hablar más de ellos, déjame decirte que nada de esto es nuevo.  En el siglo III antes de Cristo el filósofo griego Virgilio acuño una frase que yo he adoptado como norte:  “podemos, porque creemos que podemos”.

©2010, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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