El Conocimiento Como Artículo De Consumo

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Lo barato sale caro. Si tu criterio principal es precio probablemente vas a botar tu dinero.

Lo barato sale caro. Si tu criterio principal es precio probablemente vas a botar tu dinero.

¿Has notado lo difícil que se hace distinguir a los verdaderos expertos en Internet y comunicación de los que “cacarean” constantemente las palabras de moda?  De repente el escenario cibernético se ha llenado de “expertos” que manosean los términos del momento sin respeto, como si verdaderamente entendieran su alcance y significado.

Para el consumidor esto presenta un problema.  No sabe a quién creerle.  Todos parecen eruditos.  Todos aparentan tener la verdad agarrada por el rabo.  Ante tal confusión su conclusión obligada no puede ser otra que la siguiente: “si todos saben lo mismo, el único elemento de diferenciación debería ser el precio”.  ¿Verdad?

¡Mentira!  No todos saben lo mismo.  ¡La mayoría lo que hace es reciclar!  Y para colmo de males ni eso hacen bien.

Es fácil empaparse del último tema de moda y dispararlo “pa’ alante” con un poco de maquillaje.  Lo que no es tan fácil es mirar el entramado de tendencias que inundan el mundo de la tecnología, identificar aquellas que serán medulares y presentarlas de manera destilada y articulada.

Para eso hay que leer entre líneas.  Para eso hay que trascender lo puramente técnico.  Para eso hay que ir más allá de las redes sociales.  Para eso hace falta experiencia.  Y como decía una amiga mía, hace muuuuuuuuuuuuchos años, “la experiencia no se improvisa”.

Una manera de ganar esa experiencia, sin necesariamente vivirla, es leyendo.  Pero la generación de hoy no lee. Opinan sobre cosas que desconocen con una tranquilidad pasmosa. Y lo peor del caso es que alguna gente les cree.  ¡Los ciegos guían a los ciegos!

En el mundo de la tecnología muchas cosas vienen enlatadas.  Si quieres un carrito de compras en tu página de Internet muchas veces se resuelve con una aplicación PHP instalada en tu servidor.  Si quieres una galería de fotos, o de video, generalmente es “fácil” también.

Pero. ¿qué sucede cuando mezclamos la tecnología con el mundo de la comunicación?  Los procesos de comunicación son de índole social.  Ahí la cosa no es blanco y negro.  Y para colmo de males es cambiante.  La gente de hoy no piensa como la gente de hace 50 años.  Y dentro de 50 años más quién sabe como van a pensar.

Tomemos por ejemplo las redes sociales.  Hoy en día todos están embebidos con Facebook y Twitter.  En Puerto Rico las generaciones jóvenes han sustituido la plaza de recreo por la “plaza cibernética”.  Se reúnen a diario “bajo el gran árbol del éter” a discutir las mismas pamplinas que tocan en los programas de radio y que se han discutido hasta el cansancio por décadas en nuestro país.  La noria se ha vuelto “digital”.

Ante tal aglomeración de gente lo lógico sería pensar que son un blanco fácil para la publicidad, ¿verdad?  Eso es lo que le gustaría a los publicistas que pensáramos.  Pero nada más lejos de la verdad.

Por años he venido advirtiendo que las redes sociales son un pésimo vehículo publicitario (ver: “Por Qué Los Anuncios Online No Son Efectivos En Puerto Rico”).  Por su parte, la nueva cepa de “gurus” ha dicho lo contrario.  Bueno, pues la semana pasada Wall Street me dio la razón.  Los resultados del IPO (Initial Public Offering) de Facebook fueron “tímidos”, para no decir decepcionantes.  ¿Por qué?  Porque los inversionistas concluyeron que el modelo de negocios de Facebook es difícil de “monetizar”.

A pesar de la inmensa base de datos que tienen Zuckerberg y sus asociados sobre el agregado de usuarios de Facebook, se les ha hecho sumamente difícil traducir esa información en réditos publicitarios.  ¿Por qué?  Por el estado mental de la gente que frecuenta el sitio.

Puesto en palabras llanas “cuando la gente visita a Facebook no están buscando comprar nada”.

Ahora, ¿cómo se relaciona el caso de Facebook con la premisa original de esta entrada de que “el conocimiento se ha vuelto un artículo de consumo”?

Bueno, pues muy sencillo.  El conocimiento que haría falta para llegar a todas estas conclusiones está disponible al alcance de un “click”.  Generalmente gratis.  Entenderlo y utilizarlo correctamente, eso ya es otra cosa.

En Puerto Rico las generaciones jóvenes han sustituido la plaza de recreo por la “plaza cibernética”.  Se reúnen a diario “bajo el gran árbol del éter” a discutir las mismas pamplinas que tocan en los programas de radio y que se han discutido hasta el cansancio por décadas en nuestro país.  La noria se ha vuelto “digital”.La Internet se ha convertido en la gran enciclopedia de la humanidad.  Todo lo que queramos saber está en la Internet.  Pero no todo está correcto.  Ni está en el mismo lugar.  Saber dónde esta, cómo verificarlo, cómo interpretarlo y cómo se interrelaciona es la verdadera clave.  Y eso no se logra meramente con “saber” sobre tecnología.

P.T. Barnum, uno de los padres de las relaciones públicas, supuestamente decía que ‘todos los días se tira un “pendejo” a la calle’. Y digo “supuestamente” porque no existe evidencia histórica de que realmente lo haya dicho.  Pero el hecho objetivo es que siempre que surge una nueva moda o tecnología automáticamente afloran los “expertos” dispuestos a “bañar en su conocimiento” a aquellos que estén dispuestos a pagar.  Eventualmente, el número de expertos ofreciendo lo mismo llega a ser tan grande que el único elemento de discriminación que queda es el precio.  Y cuando el único criterio de selección es el precio la gente suele caer de “incautos” (viste, me porté bien).

Por eso yo no me presento como “experto en tecnología”.  En su lugar me presento como “Autor, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa”.

¿Por qué?  Primero porque es la verdad.  He producido 6 DVDs educativos, dos libros electrónicos, decenas de DVDs para mis clientes, cientos de entradas para Picadillo y un número similar de textos para las publicaciones de mis clientes.  Yo diría que eso me cualifica como autor.  También me cualifica como productor de contenido digital ya que en su mayoría ha sido para medios digitales o cibernéticos.

Finalmente, mi firma Accurate Communications lleva 22 años sirviendo al mercado farmacéutico, industrial y comercial dentro y fuera de Puerto Rico.  No se trata de lo que podríamos hacer.  Se trata de que lo hemos hecho repetidamente para múltiples organizaciones de clase mundial.

Cuando un posible cliente inicia la conversación preguntando el precio eso me dice dos cosas.  No conoce los alcances de su proyecto y/o no puede pagar nuestros precios.  A veces ambos criterios son ciertos.

En esos casos, muchas veces lo mejor es darle un precio bien alto para que nos diga que no de entrada.  De ese modo sucede como cuando arrancamos una “curita” súbitamente:  minimizamos el dolor para ambas partes.

Después de todo, en el mercado lo más que hay son “expertos” dispuestos a hacer lo que sea a precios de quemazón.

©2012, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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