La Relación Entre el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) y Las Redes Sociales

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Según el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, Puerto Rico cuenta con un “Ejército de Vagos”. ¡La Isla tiene una taza de participación laboral (TPL) del 39.7%!

Según el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, Puerto Rico cuenta con un “Ejército de Vagos”. ¡La Isla tiene una taza de participación laboral (TPL) del 39.7%!

El pasado fin de semana el Comisionado Residente de Puerto Rico, Hon. Jorge Pierluissi habló sobre la posibilidad de que la Isla experimente una reducción en los cheques del PAN (Programa de Asistencia Nutricional) del 25%.  Esto tendría un efecto nefasto sobre la economía —ya maltratada— de Puerto Rico.

Para mí, el tema del mantengo, y sus efectos adversos sobre la psiquis colectiva de nuestro país, es mucho más importante que los propios efectos económicos que pudiera tener una contracción en este sector de la economía.

¿Por qué?  Porque la mentalidad de dependencia detiene nuestro progreso.  ¡Lo mismo sucede —en muchos aspectos— con las Redes Sociales y los negocios!

Ya me parece que escucho a muchos de ustedes: “esta vez Orlando botó la bola”, “se volvió loco”.  ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Permítanme explicarle.  El que depende de dádivas —vengan de donde vengan— siempre va a estar a expensas del que las otorga.  Ese es el problema.

Cinco siglos de coloniaje han convertido al puertorriqueño en un “cachetero” profesional.  Sin embargo, de lo que no se da cuenta esta gente, es de que los mismos sectores que le dan este mantengo tienen control absoluto sobre cada aspecto de sus vidas.  Son como marionetas en el espectáculo de otro.

Lo mismo sucede con las redes sociales.  Hoy en día muchas empresas vierten la mayoría de sus esfuerzos en las redes sociales.  ¿Por qué?  Por dos razones.  Primero porque ahí es que está la gente.  Y segundo, porque son gratis.

La primera razón es perfectamente comprensible, aunque se puede cuestionar la mentalidad de la gente que frecuenta estos sitios.  Pero la segunda es la verdaderamente peligrosa.

El que depende de dádivas —vengan de donde vengan— siempre va a estar a expensas de quien las otorga.Cuando una empresa pone la mayoría de sus “huevos” en las canastas de Facebook y Twitter está a expensas de los cambios —generalmente imprevistos— que estas compañías hagan a sus sistemas.  Lo mismo sucede con LinkedIn, YouTube y los demás sitios “gratuitos” que existen en la Internet.

Claro, la mayoría de la gente no piensa en estas cosas, como tampoco leen el EULA (End User License Agreement).  Si lo leyeran, descubrirían que le entregan el alma al Diablo cuando utilizan estos servicios.  Y no hablemos de los derechos de autor.  Ahí nada más hay material para varios artículos adicionales.

Además, estos sitios no son gratis nada.  Todos colocan anuncios sobre nuestro contenido, lo pueden modificar a su antojo y hasta decidir si lo publican o no.  Y como si eso fuera poco, le venden el agregado de los datos de sus usuarios a compañías de mercadeo y publicidad para que luego los bombardeen de todo tipo de ofertas comerciales.

Finalmente, —y esto ya lo he mencionado antes en otras de mis entradas— la plusvalía que genera nuestro contenido en términos de tráfico y buena voluntad pasa directa a los dueños de estas redes sociales.  Así también todo el trabajo que invirtamos en desarrollar nuestra presencia.

¿Quieres ver un ejemplo vivo?  Fíjate en la confusión que existe con el nuevo modelo de “timeline” de Facebook y su aplicabilidad para las páginas de negocios.  ¿Y sabes qué es lo peor de todo?  Que cuando finalmente lo descifre la gente, no hay nada que impida que Facebook lo sustituya por otra cosa.

Es como dispararle a un blanco en continuo movimiento.

El pasado 14 de marzo escribí una entrada titulada “Las Redes Sociales No Son Otro Planeta” en la que argumentaba que el comportamiento de la gente en las redes sociales no es muy diferente al que exhiben “en vivo y a todo color” en su vida cotidiana.  Quizás el único aspecto mejor es que no se matan unos a otros.

Por eso, vemos que la mentalidad de “cachetero” también se manifiesta en la red.  El problema es —al igual que en el caso de los cheques del PAN— que el día que el amo decida quitarle el dulce, reducirle el dulce o modificarle el dulce, no van a poder hacer nada.

¿Qué hacer entonces?  De eso ya he hablado de sobra en entradas anteriores.  Lo puedes buscar si gustas.  En esta entrada mi único objetivo era demostrar cómo el comportamiento de los pueblos generalmente es consistente independientemente del renglón que exploremos.

©2012, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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