Pillo De Ideas

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Imagina la vergüenza de que te descubran robando el contenido de otro. No te arriesgues.

Imagina la vergüenza de que te descubran robando el contenido de otro. No te arriesgues.

En días recientes hemos escuchado sobre las acusaciones de plagio que siguen surgiendo contra el profesor Iván Ríos Hernández, catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Carolina. ¡Qué vergüenza!

Según el periódico El Nuevo Día, en su edición cibernética de hoy, el plagio se extiende por lo menos a cinco países: México, Argentina, España, Venezuela y Cuba.

Una de las cosas que más he hecho durante mi carrera de más de 20 años como Experto En Comunicación Corporativa ha sido redactar.  He redactado para CEOs, presidentes, ejecutivos de recursos humanos, mercadeo y hasta en una ocasión le escribí un discurso a uno de nuestros gobernadores.

En mi caso, actué como un redactor fantasma.  En el caso del profesor Ríos actuó como un “farsante”; claro, si finalmente se prueba que todas estas alegaciones eran ciertas.

Según el diccionario de la Real Academia Española el acto de “plagiar”, en su primera acepción consiste en: “copiar en lo substancial obras ajenas, dándolas como propias”.

Fíjate bien que opté por la definición literaria, y no la legal, porque mi profesión es la comunicación y no las leyes.  No obstante, sé que desde el punto de vista legal tiene implicaciones en materia de Derechos de Autor.

Según la Ley de Derechos De Autor de los Estados Unidos una obra de autoría original está protegida desde el momento en que se plasma en un medio tangible.  Eso básicamente quiere decir que el poema va a estar protegido una vez lo escribamos, la novela también.  Y las obras de carácter visual como las fotografía, el video, y el audio van a estar protegidas una vez hayan sido producidas.  Las ideas no están protegidas por la Ley De Derechos De Autor.

En los Estados Unidos de América la Biblioteca del Congreso —a través de su sección de Derechos de Autor— provee documentación para registrar obras de autoría original.  Registrar tus obras te da la ventaja adicional de poder exigir agravios en metálico en una corte.  Si tu obra no está registrada probablemente lo más que vas a poder hacer es exigir que se retire y quizás una disculpa pública.

Otros países alrededor del mundo (pero no todos) tienen leyes e instituciones similares y existen tratados internacionales de reciprocidad que protegen los derechos de autor a nivel internacional.

Con este muro es el que parece haber tropezado el profesor Iván Ríos Hernández.

Robar propiedad intelectual es un delito. Pero también vas a perder el prestigio que tanto trabajo te ha costado obtener. ¿Crées que valga la pena?

Robar propiedad intelectual es un delito. Pero también vas a perder el prestigio que tanto trabajo te ha costado obtener. ¿Crées que valga la pena?

En el caso de la Internet se da un fenómeno adicional.  Y la verdad es que, como no soy abogado, no sé si ya se habrá visto un caso sobre ese tema en los tribunales.  Se trata de la fecha de publicación que le atribuye el servidor y la plataforma de “bloguear” a cada entrada que hacemos.

Por ejemplo, cuando yo publiqué esta entrada la plataforma WordPress le asignó una fecha y hora de publicación.  Puedes verla inmediatamente debajo del título y subtítulo de la entrada.  Pero la cosa va más allá.  El servidor donde está colocado mi blog produce un “log” perenne en el que se registra cada movimiento que hago en mi cuenta.

Ambas cosas están fuera de mi control.  Tampoco tengo manera de alterarlas.  Por lo tanto, en caso de que tuviera que ir a una corte a defender alguna de mis entradas tendría manera inequívoca de evidenciar cuándo fue publicada.

Google también está consciente del problema de plagio que existe en la Internet.  De hecho, en el mundo de la red se le llama “scraping”.  De hecho, hubo una época hasta muy recientemente en que personas inescrupulosas levantaban contenido de otros blogs y lo publicaban como suyo sin siquiera sonrojarse.  Pero con una de las revisiones recientes del algoritmo de Google, conocida como Panda, esta práctica dejó de rendirle dividendos.

Ahora Google le da un peso mayor a la fecha de publicación de cada escrito.  En el caso de WordPress forma parte del encabezado mismo, pero en el caso de páginas regulares de HTML se registra en el “log” de cada servidor.  Así las cosas, el escrito original se va a colocar en el motor de búsqueda según sus méritos en cuanto a frescura, relevancia y la optimización que le haya hecho la persona que lo publique.  Por su parte, la copia generalmente va a ir a parar a la Siberia Digital.

Esta acción afirmativa de Google ha tenido el efecto de frenar un poco el “scraping”.  Porque le resta valor como fuente de contenido gratis.

Pero el plagio tiene consecuencias que van más allá de los aspectos legales y económicos.  También puede destruir reputaciones.

Obviamente, en Puerto Rico muchas cosas se distorsionan al mirarlas a través del filtro de la política partidista.  Hay algunas, que por más serias que parezcan, tienden perderse en el recuerdo sin tener consecuencias legales o monetarias.  Es como si a las personas “conectadas” se le diera una palmadita y se le dijera “eso no se hace”.

¿Pero dónde queda la credibilidad de todo un catedrático si se le prueba que en realidad lo que ha sido es un farsante?  Donde queda su prestigio si se ventila a nivel mundial que lo que ha hecho es plagiar la propiedad intelectual de otros?

Como he dicho múltiples veces en Picadillo hay personas a las que no le gusta escribir.  Otras sencillamente no tienen la habilidad.  ¿Pero en vez de robar (porque eso es lo que es el plagio en realidad) las ideas de otros no es más fácil contratar a un redactor fantasma.

¿No te gusta escribir? ¿No tiene la habilidad? No robes la propiedad intelectual de otra persona. Contrata a un redactor fantsma.

¿No te gusta escribir? ¿No tiene la habilidad? No robes la propiedad intelectual de otra persona. Contrata a un redactor fantsma.

Un redactor fantasma no es otra cosa que una persona que escribe por nosotros.  Yo lo he hecho por más de 20 años.  De hecho, hubo una época de mi vida en que redacté la revista de una de las asociaciones más prestigiosas de Puerto Rico de portada a portada; incluyendo el mensaje del presidente.  ¿Cómo lo hacía?  Sencillo.  Conversaba con ellos, levantaba la información de lo que querían comunicar, escribía el artículo y se publicaba a su nombre.  Yo hacía el trabajo y ellos se llevaban la gloria.  ¡Qué ñame!  Luego de eso he replicado ese mismo modelo decenas de veces.

No faltará quien diga que este tipo de arreglo es inmoral.  Que las personas deberían escribir lo que publican.  Pero la realidad es que se hace en todas partes del mundo todos los días.  ¿O acaso piensas que Obama escribe sus discursos, los atletas famosos escriben sus memoria y hasta algunos novelistas famosos escriben todas sus obras?

Además, ¿no te parece mucho más digno que robar la propiedad intelectual de otro y publicarla como tuya?

El robo de propiedad intelectual tiene consecuencias nefastas.  Y mientras más dinero o visibilidad tenga el que realice el hurto mayores pueden ser los riesgos.  Las multas ascienden hasta $250,000 por incidente.  Además, puede acarrear hasta cinco años de prisión.

Pero lo peor es la vergüenza; que tus pares te vean como a un farsante; que tus hijos se abochornen de ti; que tus vecinos te miren como al “pillo de ideas” que salió en el periódico; que tu carrera profesional se vaya por el sifón.  ¡Qué feo!

Si no te gusta escribir piénsalo.  Si el tiempo no te da recapacita.  Contrata a un fantasma.  Porque, al final del día, es mucho mejor contratar a un fantasma que ser marcado como un farsante.

©2012, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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