Pobrecita mi Casa Blanca

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Así lucía La Casa Blanca hace cuatro años. Luego de tres años de “remodelación” la Casa Blanca en el Viejo San Juan realmente da pena.

Así lucía La Casa Blanca hace cuatro años. Luego de tres años de “remodelación” la Casa Blanca en el Viejo San Juan realmente da pena. Dale click a la imagen para verla grande.

Como muchos domingos en la tarde ayer decidí dar un vueltecita con mi esposa por el Viejo San Juan.  Hacía un par de semanas que no íbamos por allá y habíamos escuchado que habían abierto la Casa Blanca.

El Museo de la Casa Blanca —que otrora fuera la residencia de los descendientes de Juan Ponce de León— había estado cerrado desde comienzos de este cuatrienio.

Según el comentario popular, a la esposa del gobernador Luis Fortuño, la señora Lucé Vela, no le gustaba el “landscaping” y cerraron las facilidades para “remodelarlas”.  Pues aparentemente la “remodelación” ya está terminada; porque la abrieron nuevamente al público

¡Qué Pena!  Esas fueron mis únicas palabras luego de pasearme un rato por lo que fueran una vez los jardines de Casa Blanca.  Los grandes árboles que bordeaban la propiedad de cara a la bahía hoy son meros tocones.  Los caminos que transcurren por los jardines ahora ostentan brillantes pasamanos de acero inoxidable que gritan en contraste con el aspecto agreste del recinto.  Los jardines que adornaban su plaza central —muy en especial el de “aves del paraíso— son cosa del pasado.  Bancos de aluminio, plantas secas, jardines baldíos y basura por doquier completan el cuadro triste de lo que debería ser una de las propiedades mejor cuidadas de la Isla.

¿A dónde volaron las “aves del paraíso“ y los cientos de otras plantas florales que habían en la Casa Blanca?

¿A dónde volaron las “aves del paraíso“ y los cientos de otras plantas florales que habían en la Casa Blanca? Dale click a la imagen para verla grande.

Llegamos a la Casa Blanca como a las 3:30 de la tarde.  Estuvimos allí casi una hora.  Durante la visita no vimos a un solo empleado.  Los turistas —locales y extranjeros— se paseaban por allí desorientados, sin nadie a quien hacerle una pregunta.

¿Qué nos pasa Puerto Rico?  Tenemos en nuestras manos una joya sin igual.  El Viejo San Juan es la segunda capital más antigua del Nuevo Mundo, patrimonio de la humanidad —según la UNESCO— y ¿qué estamos haciendo para sacarle provecho; para mostrársela al mundo?

Así quedó la Plaza de los Niños después de un “baño digital” de casi 8 horas.

Así quedó la Plaza de los Niños después de un “baño digital” de casi 8 horas. Dale “clic” para que la veas grande.

Justo afuera de la Casa Blanca hay otro ejemplo que grita abandono, dejadez y descontrol. Se trata de la Plaza de los Niños.  La misma se construyó durante la administración de Sila María Calderón como homenaje al educador de América Eugenio María de Hostos.  Hoy está desolada, llena de graffiti y de basura por doquier.  Su único uso: correr patinetas.  No hay dónde sentarse.  Los árboles brillan por su ausencia.

Sé que este tema se sale bastante de la temática de Picadillo, pero —como fotógrafo— ya me canso de retocar mis fotos del Viejo San Juan y proyectar una realidad que no existe.  Para que tengan una idea, le dediqué ocho horas —todo un día— a eliminar el graffiti de mi foto de la Plaza de los Niños.  Algo similar sucedió con la de la Plaza del Quinto Centenario.

Sé muy bien que nos se le puede echar toda la culpa al alcalde Jorge Santini.  Antes que él hubo otros que tampoco hicieron mucho.  Pero, ¿por qué tenemos que ser tan puercos?  ¿Por qué destruimos aquello que nos proyecta ante el mundo?  ¿Tan baja es nuestra autoestima?

¿Por qué no hay quién vigile nuestros monumentos; nuestras plazas y nuestros lugares turísticos?  ¿Acaso no tenemos “cuponeros” de sobra que podrían ganarse algunas de las “dádivas” que reciben haciendo esa labor.  Estas son algunas de las preguntas —entre otras miles— que nos deberíamos hacer a diario en lugar de hablar del maldito “estatus”.

El otro día alguien me preguntó en LinkedIn que por qué no me postulaba.  Mi contestación fue sencilla.  No sirvo para ser hipócrita.  El papel de besar nenes y abrasar viejitas no me sale.  Pero sí puedo mostrarle al mundo las cosas que están mal en nuestro país; a ver si los “powers at be” se dignan de hacer su trabajo.

Las fotos que verás a continuación no reflejan el tipo de trabajo que suelo producir.  Algunas ni siquiera sirven desde un punto de vista técnico.  Las tiré a lo loco.  ¡Molesto! Pero quise mostrárselas para que fueran ustedes los jueces; para que vieran cómo luce la Casa Blanca luego de casi tres años de “remodelación”.


Como notarás, la última foto no tiene nada que ver con la Casa Blanca.  Es de la casita de los “limbers” al frente de la estatua de “La Rogativa”.  Nada, que después de “bajarse el moco” viendo el estado de abandono en el que están muchas partes de la Vieja Ciudad hay que “cargar las pilas” de alguna manera.

©2012, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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