¡Qué Bueno Que Llegó El iPhone 5!

Share

Llegó el iPhone 5Durante las últimas semanas gran parte de la discusión pública ha girado en torno al tema de la economía. Hemos visto cómo la porción más productiva de nuestra sociedad está abandonando la Isla en bandadas, algo que advertí hace más de dos años durante la sección de tecnología que hacía con Jorge Seijo. También hemos visto cómo los nacimientos “boricuas” se están dando allende los mares en lugares como Florida, Nueva York, Texas y Connecticut.

Con sólo prestar un poco atención se convence uno de que “la cosa está mala”, como reza la supuesta “campaña de motivación” que puso en marcha recientemente un rotativo de la Capital.

Sin embargo, ese mismo rotativo —en su edición cibernética de hoy— nos informa sobre las decenas de personas que amanecieron esta mañana en las tiendas de celulares para obtener el nuevo iPhone 5 de Apple.

Aquellos de ustedes que me conocen saben que he sido un fanático de los productos Apple, no de ahora sino desde el 1984 cuando compré mi primera computadora Macintosh™ para hacer mi tesis de maestría.

Pero mi pregunta es la siguiente: ¿en qué quedamos, esto está malo o no está malo na’? Cómo es posible que en una isla dónde la tasa de participación es de menos del 40% y el desempleo anda por los cielos haya gente que haga fila desde la madrugada para cambiar un teléfono perfectamente funcional por uno que —según los más recientes informes— ha salido al mercado con problemas en su sistema operativo y en algunas de sus aplicaciones.

La gente no compra lo que necesita, la gente compra lo que quiere.Aquellos de nosotros que leímos la noticia en la Internet nos percatamos de la demografía y psicografía que —con toda probabilidad— caracteriza a este grupo.  Son gente joven, fanáticos, que en muchos casos viven con sus padres y pueden darse el lujo de gastar con desenfreno en el “gadget” más reciente.

Pero más allá de las filas del iPhone 5 hay una lección en mercadeo que no podemos obviar: “la gente no compra lo que necesita, la gente compra lo que quiere”.  Puesto de otra forma: “compramos a nivel emocional y luego buscamos cómo justificar nuestras acciones a nivel de lógica”.

Cualquiera que haya pasado aunque sea un día en el mundo de las ventas debe estar familiarizado con la fórmula de AIDA.  Esta fórmula no tiene que ver nada con un nombre de mujer.  Más bien es un acrónimo que nace de la combinación de cuatro términos: Atención, Interés, Deseo y Acción.  Y en esto la gente de Apple son expertos.

¿Has notado cómo Apple fomenta la especulación sobre sus productos todo el año?  La gran secretividad que rodea el desarrollo de sus equipos fomenta el que los redactores sobre tecnología presten atención y se pasen el año “adivinando” cómo será la próxima generación de iPhones, iPods, iPads, Apple TV y computadoras Macintosh.  Todo esto sin apenas invertir en publicidad.

Cuando faltan un par de meses para que uno de sus productos salga al mercado dejan “escapar” algunos detalles.  ¿Y qué pasa?  Las redes sociales se encienden.  Los periódicos también.  La especulación crece.  Aumenta el interés .

Con el aumento en interés comienza a crecer el deseo entre los fanáticos.  Y claro está, cuando por fin llega el día salen como corderitos a cambiar su iPhone 4 por el nuevo iPhone 5.  ¡ACCIÓN! ¿Habrase visto cosa más descabellada?

Si le sumamos a esta estrategia las características de un gran segmento de la sociedad puertorriqueña vamos a tener algo así como el “perfect storm” para vender teléfonos.

A los puertorriqueños le encanta aparentar. Quizás sea por la gran cantidad de cosas de las que adolecemos, pero la realidad es que en Puerto Rico está el “parejero” botao’.

Mientras los puertorriqueños —como colectivo— no reorientemos nuestras prioridades vamos a seguir en el mismo pantanoTodavía recuerdo cuando salieron al mercado los Palm Pilot. La gente iba a las reuniones y lo primero que hacían era poner el “Palm” encima de la mesa. Era como una afirmación de su masculinidad… o femineidad.

Hoy en día pasa lo mismo con el iPad.

Pero la cosa no se limita al ámbito de la tecnología.  Este es el mismo país que se lamenta perennemente del descalabro de su existencia, gasta sin pena en conciertos y fiestas, y le mendiga al norteamericano para comer, estudiar y proveerle un techo seguro a sus seres queridos.

El pasado 31 de mayo escribí una entrada titulada “Hablándole A Los Que No Quieren Oír”  en las que comparaba el desarrollo de distintas sociedades alrededor del mundo con su interés por los productos educativos y de automejoramiento.

Y, por supuesto, no pretendo hablar de lo mismo en esta entrada. Pero te sugiero que la repases, si es que la leíste, o la leas, si es que la obviaste. Porque en gran medida explica por qué estamos como estamos.

Mientras los puertorriqueños —como colectivo— no reorientemos nuestras prioridades vamos a seguir en el mismo pantano.

¿Y sabes qué es lo peor de todo? Que nos sucede como al rey aquel que andaba desnudo.  Pensamos que ocultamos lo que somos detrás de unas cuantas posesiones. Valoramos a la gente por lo que tiene y no por lo que sabe.  Y al final del día somos todos iguales: mentirosos, engañados, sin rumbo y sin futuro.

¡Qué bueno que llegó el iPhone 5!

©2012, Orlando Mergal
_________________
El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

logo-linkedIn

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

No se admiten más comentarios