Roncando Sin Dormir

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megafono

Decir algo a los cuatro vientos no lo hace necesariamente verdad.

Cuando yo era un “teenager”, allá para finales los años 60, se escuchaba mucho un dicho que con los años ha caído en desuso.  Se decía que fulano o fulana “roncaba más de lo que dormía”.  El mismo se refería a esa gente que se jacta de cosas que son incapaces de materializar.

En meses recientes hemos escuchado cómo varias emisoras radiales de Puerto Rico, particularmente de la banda AM, se jactan de sus páginas de Internet, y cómo sus radioescuchas pueden verlos y escucharlos a través de la red.  También anuncian que sus programas están disponibles en formato de podcast.

Sin embargo, cuando escuchamos su programación, notamos que el formato no ha variado en nada durante los últimos 10 ó 20 años.  Y no hablemos del contenido porque ese es el mismo en todas las emisoras y a todas las horas.

Basta con visitar la página de iTunes —el agregador número uno del mundo— y notaremos que muchos de los programas que cacarean continuamente de que están disponibles en formato de podcast brillan por su ausencia.  La honrosa excepción son los programas producidos por la cadena Noti Uno.  A pesar de que —como veremos más adelante— tampoco son podcasts.

Hay varias razones para esto. Primeramente, producir un podcast da trabajo.  Hay que grabar el programa todos los días, editarlo, convertirlo a MP3, subirlo a un servidor y actualizar el alimentador RSS (horita hablaremos más de esto).  Eso quiere decir que la persona responsable del podcast tiene un compromiso perpetuo.

Segundo, producir un podcast cuesta dinero.  Y las emisoras no quieren pagar.  Piensan que lo pueden resolver todo con intercambios.  Pero a la hora de la verdad hasta en eso son mezquinos.

Tercero, el formato de un podcast es distinto al de un programa de radio regular.  Las emisoras de radio y televisión funcionan a base de un modelo de publicidad mediante interrupción.  Es decir, cada “equis” cantidad de minutos interrumpen la programación para insertar un bloque de anuncios.  Con esto pagan los gastos operacionales de la emisora.  Los podcasts funcionan a base de menciones comerciales y auspicios.  El programa corre de punta a punta sin interrupciones.

El problema es que el modelo de publicidad mediante interrupción ya no funciona.  Cada vez que una emisora se va a un “break” comercial los radioescuchas y televidentes se van al baño, a la nevera o a otra emisora.  En el caso de la televisión la cosa es todavía peor.  La generación del TIVO graba los programas para verlos luego sin anuncios.  Si le sumamos a esto que los anuncios son cada día más mediocres, y la audiencia ha desarrollado una inmunidad al bombardeo publicitario, entenderemos por qué las emisoras de todo tipo están en problemas.

Utilizan la Internet y los podcasts como la madre utiliza una maraquita:  para tratar de atraer a un público cada vez más esquivo.  Y por cierto, la torpeza no se limita a la radio y la televisión.  Basta con visitar la página de El Nuevo Día para ver como nos “empujan” un anuncio a pantalla completa antes de poder entrar al sitio.  Esta gente debería medir el por ciento de visitantes que hacen clic en el botón de “continuar navegando” o sencillamente se van a otro lugar.  Probablemente van a descubrir que el anuncio le cuesta más en términos de visitantes perdidos de lo que le deja en dinero.

Así también, el anunciante de turno debería utilizar algún tipo de clave para determinar cuáles visitantes le llegan de ese anuncio.  Nada de esto es nuevo.  Claude Hopkins estaba hablando de la Publicidad Científica en el 1923.  Pero claro, el libro es en inglés y no es materia requerida en la mayoría de los programas de comunicación de nuestras universidades.

Pero no le pidamos peras al olmo.  Vamos a hablar de algo más reciente; del otro día.  En su libro “The New Rules of Marketing and PR”, publicado en el 2007, David Meerman Scott nos habla de la forma en que los medios tradicionales están perdiendo terreno a velocidades vertiginosas frente a los medios nuevos como los blogs, los podcasts y los servicios de comunicados de prensa por Internet.

El comunicador moderno no necesita un periódico para llegar a sus distintos públicos.  Todo lo que necesita es un computador, una conexión de Internet y un blog.  Las empresas modernas no necesitan a un periodista soberbio y presumido para que “le haga el favor” de publicar su comunicado.  Todo lo que necesitan es a un comunicador que sepa escribir correctamente, enviar el resumé a un servicio de comunicados “online” y en minutos le da la vuelta al mundo.

Y finalmente, no hace falta una emisora para producir un programa de audio o video.  Basta con producir un podcast —en audio o en video— y hacerle llegar la noticia de su existencia a nuestro nicho de mercado.??Y he aquí la diferencia principal entre un programa tradicional y un podcast.  Los podcasts se producen para una audiencia específica.  La emisora transmite para las masas.  La diferencia es algo así como comparar una escopeta con un rifle de franco tirador.

Los medios tradicionales (radio, televisión y prensa) están luchando por adaptarse a una nueva realidad que no entienden.  Se trata de la desintermediación.  Este término, acuñado durante los últimos cinco años en el mundo de la tecnología, se refiere a la eliminación de intermediarios entre la persona que tiene algo que decir y aquel que quiere escucharlo.

Según Bob Gilbreath, en su “best seller” “The Next Evolution of Marketing” “la mayoría de las modalidades de mercadeo tradicionales se han vuelto ubicuas, irritantes, inefectivas e insípidas”.  Sumémosle a eso un público con la tecnología y el conocimiento para burlar dicha publicidad y tendremos una industria incapaz de reencontrar su norte.

Esta nueva realidad le resta poder a los medios tradicionales porque demuestra su alto grado de obsolescencia.  Tomemos por ejemplo la más reciente huelga en la Universidad de Puerto Rico.  Mientras la administración despilfarraba el dinero del pueblo en anuncios a página entera en los principales rotativos del país y en “media tours” a las principales emisoras de radio y televisión, los estudiantes se comunicaban a través de una emisora de baja potencia y la Internet.  ¿Quiénes resultaron vencedores?  Hasta la toga del Presidente se esfumó en el tumulto.

Lo fácil es adoptar nuevas tecnologías sin ton ni son y gritar a los cuatro vientos que están en la Internet, que tienen sus programas en formato de podcast, ah —y no podía faltar— que están en Facebook y en Twitter.  Pero el contenido, ese no ha cambiado en nada.  Es la misma mogolla, pero “online”.

Y “bay de güey”, grabar un programa y venderlo a través de Publimedia no es lo mismo que producir un podcast.  Eso es meramente una grabación.  Un podcast es un programa concebido y creado para la Internet, dirigido a un nicho específico del mercado, sin pausas comerciales, al que los oyentes se pueden suscribir a través de un alimentador RSS.  Uno de estos días voy a sacar un ratito para hablar de este tema en mi podcast “Hablando de Tecnología”.

Nada de lo que están haciendo va a salvar a los medios tradicionales de la realidad ineludible.  Se han vuelto dinosaurios.  Han perdido el foco.  El incesto de ideas está produciendo criaturas deformes.  Se pasan los comentaristas gastados de un lado a otro en busca de “fórmulas nuevas”.  Señores, hay que darle paso a la sangre joven.  No pueden tener miedo.  Después de todo, por mal que lo hagan, difícilmente lo hagan tan mal como lo ha hecho nuestra generación.

Hay que ver como se le van tres muertos y buscan tres muertos nuevos de otra emisora.  ¿Acaso no se le ha ocurrido ir a buscar el talento joven que está haciendo las maletas en busca de oportunidades?  ¿Qué les pasa?  ¿Le tienen miedo a las ideas?

Pueden roncar todo lo que quieran pero mientras no sacudan bien el palo van a continuar con la misma ¡&%*/@.  ¿A quién le interesa ver a una partida de almas entumecidas por Internet?  ¿A quién le interesa leer un periódico —cualquiera de ellos— cuya único norte es servir de fotuto a la administración de turno?  A quién le interesa ver un canal de televisión —cualquiera de los locales— cuyas noticias no van más allá de los muertos del día, el asco político y la tormenta del momento?

Por eso es que la audiencia se le está mudando a la Internet.  Y si piensan que la van a rescatar con maraquitas es mejor que revalúen su plan.  Puede que algunos caigan de incautos, pero la mayoría —al igual que el medio millón de boricuas que se han ido del país en los últimos 15 ó 20 años— están hartos de la mogolla de corrupción y politiquería y se van a quedar por allá.

©2010, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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