Si Se Pudiera Beber En Facebook

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La Ventana Al Jazz es un evento exquisito. ¡Qué pena que la gente no escuche!

La Ventana Al Jazz es un evento exquisito. ¡Qué pena que la gente no escuche!

No me puedo quedar callado.  Estoy como Inés Quiles.  ¡Si no lo digo reviento!

Ayer, como muchos “fines de mes”, me di una vueltita por la Ventana Al Jazz, que se celebra el último domingo de cada mes, en la placita que está al lado del Hotel “La Concha” del Condado; que casualmente se llama la Ventana Al Mar.

Este pedacito de tierra, en que otrora estuviera el Centro de Convenciones de Puerto Rico, es un verdadero oasis en medio del cemento.  Curiosamente, es uno de los pocos sitios en que podemos observar el mar en un sector que —de por sí mismo— es costero.  ¡Gracias Sila!

Si lees Picadillo hace un ratito debes saber que me encanta el Jazz, y que soy asistente consecuente al Puerto Rico Heineken Jazzfest.  Así también, siempre que la oferta nos parece atractiva “la flaca” y yo agarramos nuestras sillitas, nuestros paraguas, y una neverita, y pasamos unas horas en la Ventana Al Jazz.

Pero ayer me percaté de algo que no había notado antes. ¡Qué maleducados son muchos puertorriqueños!

Ayer llegué como a las 4:00pm.  Como de costumbre colocamos nuestras sillas formando un triángulo equilátero con las dos esquinas del escenario.  En otras palabras, la distancia entre las esquinas del escenario era más o menos la misma que la que había hasta nuestras sillas.

Cualquiera que sepa un poco de audio sabe que esa es la mejor colocación para escuchar sonido estereofónico. Los que no conocen de estas cosas rápido corren a poner sus sillas al frente del escenario.  Pero eso tiene el efecto de dividir artificialmente el sonido y se pierde la ubicación espacial de las notas.

Bueno, basta de “comemierderías” técnicas…

A los que asistimos frecuentemente a este tipo de evento nos gusta sentarnos tranquilos a disfrutar de la buena música y darnos la friíta.  También nos gusta la paz, la tranquilidad y el silencio.  Ayer tuvimos las primeras dos.  Las últimas tres brillaron por su ausencia.

¡Qué mucho zángano fue allí a hablar “a to’ pulmón” en vez de escuchar la música!  Y no fue cosa de percepción.  ¡Tengo un metro de decibeles en el iPhone y midió más de 90! Otra comemierdería.  ¡Uy!

Los que sepan un poco de estas cosas sabrán que el tono de conversación normal entre dos seres humanos generalmente registra cerca de los 70 decibeles.  Lo que es más,  90 decibeles es más de lo que la Autoridad de Energía Eléctrica considera aceptable para una planta eléctrica. ¡Aquella gente estaba gritando!

Como estudioso de los procesos sociales me puse a pensar qué podía propiciar tal comportamiento.  Entonces me llegó la contestación como un rayo del cielo.  Esa era la generación de Facebook.  No estaban allí por el Jazz.  ¡Su propósito era salir de detrás de la pantalla y darse cuatro palos!

¿Y por qué hablaban tanto?  Bueno, pues quizás por la falta de costumbre.  Esa también es la generación que “twitea” todo lo que se come, cuelga todo lo que hace en su pared de Facebook, y se paran por las esquinas cuando van a un evento social.  La de ayer era su oportunidad de “hablar”.  ¡Qué concepto!

Pero no sólo no se callaban.  Tampoco se sentaban.  Tranquilamente se paraban a conversar con su cerveza en mano en medio de los que pretendían sentarse a disfrutar de la música.

¿Por qué hay tanta gente así?  ¿Por qué son cada día más?  ¿Acaso no le importan los demás?  ¿Acaso la burbuja tecnológica en la que vive gran parte de nuestra sociedad ha hecho que olviden lo que es la sana convivencia?  ¿Por qué se pasan la vida en las “redes sociales” para luego salir a la calle y ser tan antisociales?

En un momento no aguantamos más y mi esposa le dijo a una pareja que conversaba tranquilamente entre nosotros y el escenario: “Oye, con tu permiso. ¿Será posible que podamos escuchar y ver a la gente que están en el escenario?”.

No nos contestaron siquiera. Pero al menos se quitaron del medio y se sentaron.  Me imagino que en su mente estarían diciendo “pichea”.

El evento no debe ser una excusa para hablar, beber y “si acaso” escuchar.

El evento no debe ser una excusa para hablar, beber y “si acaso” escuchar.

Es una pena que la gente de Méndez & Company le ofrezca un espectáculo de calidad como este al pueblo de Puerto Rico y la gente no lo valore.  Y más aún cuando es gratis.  Hubo un momento en el que me pregunté: ¿qué pasaría si de repente apagaran la música?  ¿La echarían de menos?  Porque ciertamente esa gente no fue a escucharla.

Bueno, ya basta.  Lo dije.  Me sacudí el “mostro”.  Ahora voy a dormir mejor.

¿Qué si algo va a mejorar?  Lo dudo.  Uno puede llevar un caballo al río, pero hacerlo beber es otra cosa.

Y hablando de beber… Esta mañana me puse a pensar… ¿Qué pasaría si se pudiera beber en Facebook?

Aquel grupo malcriado de anoche no hubiera estado allí.  Hubieran estado cada uno detrás de su pantalla, con una manga conectada al teclado supliéndole el licor de su preferencia, y “socializando”.

Señores, ser “social” es mucho más que pasarse la vida “online”.

©2013, Orlando Mergal
_________________
El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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3 comentarios

  1. Carlos Maldonado

    Orlando, muy bueno. Los zombies siguen creciendo, será falta de reconocimiento, o para ser escuchados gritamos….vivimos en un mundo cada vez mas vacio y donde no se cultivan valores.

    • Orlando Mergal

      He pensado mucho sobre esto y he aquí algunas de mis conclusiones:

      1. La mayoría de la gente que visita la Internet lo hace para consumir contenido, no lo producen. Ese no es un dato que haya inventado yo, es un dato que proviene de Wikipedia y lo pueden encontrar aquí: http://en.wikipedia.org/wiki/1%25_rule_%28Internet_culture%29. Por lo tanto, lo que hacen es valerse de los pensamientos de otros.
      2. Segundo, en Puerto Rico hay un gran desconocimiento sobre la Internet. Pregúntale a cualquiera si sabe de Internet y la contetación casi siempre va a ser: “claro que sí, yo me paso la vida en “féisbu y twittel”. Pero tristemente Facebook y Twitter no son la Internet. Son sólo un pedacito.
      3. Tercero, en el caso particular de Puerto Rico Facebook y Twitter se han convertido en extensiones de la radio y la TV local. Por lo tanto, para gente que quiera expandir sus horizontes y sostener conversaciones inteligentes resultan hasta aburridos.
      4. Cuarto está el “anonimato”. Muy poca gente escribe bajo su nombre de pila como lo hago yo. No, escriben bajo babygirl 3514 ó elmasbravo2319 ó sabe Dios qué máscara. Así es un ñame comentar.
      5. Y quinta está la fragmentación social. Cada uno vive en su burbuja digital y van perdiendo las destrezas sociales que hacen falta para vivir en comunidad; entre ellas el arte de la conversación inteligente.

      Eso sin mencionar como atropellan el vernáculo; no sólo en la forma escrita sino en la hablada.

      Otra cosa que me resulta muy curiosa en las redes sociales es la manera en que todos se pasan la vida pegando cosas que ha producido otro. Ese, dicho sea de paso, es un fenómeno que se ve mucho en Facebook.

      A veces ni siquiera comentan. Sólo lo pegan allí como si de alguna manera mágica se bañaran en la luz del que lo creó inicialmente.

      Y criticar… para qué criticar. Después de todo el mundo no va a cambiar por más que uno comente estas cosas. Por eso, la mayoría de las veces prefiero decir como León Felipe: “Yo sé muy pocas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto”.

  2. Roberto Gonzalez

    Muy bueno el articulo. En Mayagüez comenzó la ventana al Jazz hace un mes en el litoral. Está estupendo y habia mucha gente. Yo soy fanatico del Jazz y tengo un equipo bueno de musica en 3 amplification mode, el cual se oye bastante bien.

    Me gusta la música de los 60, 70 e instrumental. La musica de Herb Alpert, Mangione, Ferguson, Beatles, y algunos vocales y clasica. El jazz es una excelente música y gracias a la Ventana al Jazz que en Mayagüez se abrió otra.

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