Sintenido

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Sin Contenido no hay Comunicación

Sin Contenido no hay Comunicación

El otro día comentaba con un amigo sobre la manera en que ha evolucionado el mundo de la comunicación comercial durante los pasados 25 años.  Algunas cosas han cambiado tanto que hoy resultan prácticamente irreconocibles.  Otras no han variado en nada.

Para que tengan una idea, para allá para el 1985 —cuando comencé a estudiar mi maestría en comunicación— una transparencia era un pedazo de plástico negro con letras transparentes que se coloreaban con gelatina de colores.  Hoy en día todo eso se hace electrónicamente.

Las publicaciones en papel se producían por medios fotomecánicos.  Antes de que alguien leyera alguna revista o folleto habían docenas de pasos y un gran número de expertos que intervenían en el proceso.

Con la revolución del “desktop publishing” (1984-1995) se eliminaron la mayoría de estos pasos.  De pronto el ciudadano común (no el que le tiró el huevo a Fortuño) tenía en sus manos la capacidad de competir con los grandes emporios de la comunicación.

En el 1995 llegó una nueva tecnología que dejó pequeña aquella revolución que apenas llevaba diez años de comenzada.  Su nombre: la Internet.

De pronto el ciudadano común no sólo podía llegar a los públicos tradicionales de su comunidad aledaña.  Ahora, su audiencia era el mundo.

Con esta nueva capacidad se puso de manifiesto la necesidad de una cantidad creciente de contenido.

Todos lo hemos visto una u otra vez.  Una compañía X comienza una revista o una página de intranet.  De primera instancia crean un comité editorial.  Ese comité generalmente se compone de un editor (usualmente alguien de recursos humanos o mercadeo) y una serie de voluntarios (empleados).

Comienzan con muchísimo entusiasmo.  Pero, con el pasar del tiempo, se van alejando uno a uno hasta que se queda el editor solo.  Al poco tiempo la publicación desaparece.

Hay varias razones para este comportamiento.  Primeramente, producir una publicación da trabajo.  Y Dios sabe que lo menos que queremos en la organización moderna es más trabajo.

Segundo, producir una publicación requiere conocimiento.  A primera vista parece sencillo.  Después de todo lo único que hay que hacer es buscar noticias, redactar artículos, desarrollar medios visuales, diagramar y publicar nuestro contenido, ya sea en papel o por medios cibernéticos.  Claro, parece sencillo hasta que lo intentan.

Lo mismo sucede con los medios audiovisuales.  Todo el que tenga el oído en tierra habrá notado que el video está tomando por asalto a la Internet.  Está dondequiera.  Sin embargo, desarrollar un video efectivo no es fácil.

Primeramente, tenemos que definir nuestros objetivos, nuestros públicos, el tratamiento y nuestros canales de distribución.  Luego hay que escribir un libreto, crear un guión, filmar, grabar la locución, seleccionar la música y los efectos, editar y hacer el “rendering”.

De este punto en adelante el proceso puede seguir varias rutas dependiendo del canal de distribución que elijamos.  Si vamos a utilizar DVDs habrá que hacer un “authoring”, luego habrá que comprimir el programa para finamente hacer el “master.  De ahí decidiremos si vamos a reproducir o replicar nuestros discos.  Si piensas que es lo mismo obviamente no conoces de estas cosas.

Si tu canal de distribución será la Internet tendrás que escoger un estándar, comprimir el video, colocarlo en un servidor, crear una página HTML donde exhibirlo y asegurarnos de que el ancho de banda de la persona que lo vaya a ver coincida con la capacidad de “throughput” de nuestro servidor y el “bitrate” que hayamos escogido.

Como notarás el consultor en comunicación de hoy en día tiene que ser un profesional multidisciplinario.  Pero no basta con conocer todas estas disciplinas.  Hay que saber convertirlas en información destilada que llegue con igual facilidad al ejecutivo más sofisticado y al obrero más humilde.  Ese destilado final se conoce en el argot moderno como “contenido”.

El contenido es el combustible que hace mover la comunicación moderna.  Sin contenido tenemos pues… “sintenido”.  Piénsalo.  ¿De qué sirve un periódico sin noticias, artículos o fotografías?  ¿De qué serviría un blog como este si no hubiera algo que leer?  ¿De qué serviría un noticiario si la pantalla de nuestro televisor permaneciera en blanco?

El Comunicador Moderno es un Profesional Polifacético y Multidisciplinario

El Comunicador Moderno es un Profesional Polifacético y Multidisciplinario

¡El comunicador moderno está al centro de la revolución de la Internet!  La pena es que no se ha dado cuenta.

El comunicador moderno —el de verdad— se especializa en una sola cosa; en producir contenido.  Para eso hay que ser un profesional multidisciplinario completo capaz de trabajar con todas las tecnologías que he mencionado hasta ahora y con otras tantas que se me puedan haber quedado en el tintero.

Pero más importante que la tecnología misma es la capacidad de comunicar.  Hay que poner todas las facetas de la tecnología al servicio de un objetivo central: que nuestro mensaje llegue.  Si la comunicación no resulta efectiva no importa cuántas tecnologías hayamos utilizado.

Ese ejercicio de comunicar se conoce hoy en día como producción de contenido.  Puede asumir la forma de un video, un audio mp3, una serie de fotos o gráficos, entradas en un blog, participar en redes sociales, nuestra página de Internet o intranet, tarjetas postales, folletos, correos electrónicos, comunicados, “auto responders”, foros de discusión cibernéticos… El cielo es el límite.  Todos tienen un aspecto en común.  Sin contenido no serían nada.

Hace años que resolví el problema del contenido para mis clientes.  Tomemos por ejemplo los que querían crear una revista para sus empleados.  En lugar de crear un comité editorial yo le recomendaba que crearan un “comité de corresponsales”.  ¿Cuál es la diferencia?  En lugar de pedirle a cada persona que escribiera una artículo para la revista o página de Intranet yo les pedía que conversaran unos minutos conmigo cada par de semanas.  Cada corresponsal tenía un área a su cargo y su única responsabilidad era contarme lo que había sucedido en su área de responsabilidad.

Digamos que Manuel estaba a cargo nuevos productos o tecnologías.  Cada dos semanas yo lo llamaba para que me contara sobre el nuevo producto o maquinaria.  Luego escribía un artículo con esa información y lo publicaba bajo su nombre.  Manuel es un mecánico industrial y jamás ha tomado un curso de redacción.  No obstante, sus compañeros lo felicitaban constantemente por “lo bien que le quedaban” los artículos.

Esa misma fórmula la utilizo todavía para todos mis proyectos de comunicación y se puede resumir en una sola palabra: soluciones.

Nuestra empresa no vende tecnología, a pesar de que somos expertos en todos sus aspectos.  Nuestra empresa vende soluciones.  O puesto en el argot moderno, vendemos contenido.

El cliente no compra todos los pasos que conlleva hacer un video o cualquier otro tipo de publicación.  El cliente comprar una proyección positiva de su empresa.

Todo está en la manera en que decidamos proyectarnos.  Podemos ser expertos en la más reciente tecnología o podemos vender soluciones.

Y esto me trae a la mente algo que me decía uno de mis mentores en el área de ventas hace más años de los que me gustaría contar: “cuando una persona compra un taladro no es porque quiere una máquina poderosa capaz de traspasar la más fuerte de las superficies.  La persona que compra un taladro lo que quiere es un roto”.

©2011, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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