Dos Latas y Un Hilo

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La tecnología tiene que estar al servicio de otros modelos de interacción humana y no como protagonista.

La tecnología tiene que estar al servicio de otros modelos de interacción humana y no como protagonista.

Hace más de 25 años —cuando cursaba mi maestría en comunicación— uno de mis profesores constantemente repetía la siguiente frase: “lo importante no es lo que usted diga, lo importante es lo que la gente entienda”.

Para esa misma época otro de mis profesores ilustraba la comunicación —en su expresión más elemental— como un proceso entre dos partes en el que una es el emisor y la otra es el receptor.  Claro, para que haya verdadera comunicación el proceso tiene que ser bidireccional.  Tradicionalmente este proceso se ha ilustrado con dos latas (o vasos) y un hilo, donde una de las latas es el emisor, la segunda es el receptor y el hilo es el canal.

Los conocedores del mundo de la comunicación pueden argumentar que —además— entra en juego el elemento ruido y la retroalimentación.  Todo eso es cierto.  Pero en su forma más rudimentaria se trata de dos latas y un hilo.

Muchas veces las personas tienden a sofisticarse con el pasar del tiempo y pierden de vista estos dos principios fundamentales.  Pero al final del día, todos nuestros esfuerzos se reducen a una sola cosa: comunicar.  O lo hacemos, o no lo hacemos,  ¡Mira qué fácil!

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Hoy escuché un nuevo programa de tecnología que se transmitió por una de las emisoras del País.  Quizás mi opinión podría sonar un poco sesgada —y lo está— ya que produzco mi propio programa de tecnología a través de la Internet.  Pero, como estudioso de la comunicación— me sentí aludido por la tónica del programa y la dirección en la que pretenden llevar a la audiencia.

Primeramente, la persona que lleva el programa leyó gran parte de la hora; palabra por palabra.  Muchas personas no se deben haber dado por enterados, pero yo me gano la vida en el mundo de la comunicación, y lo detecté al vuelo.

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Segundo, para esta persona todos los problemas de Puerto Rico parecen solucionarse con tecnología.  ¡Qué pena!  Claro, la persona que sólo conoce el martillo quiere arreglarlo todo a golpes.

Aquellos de ustedes que me conocen saben que soy una estudioso de la tecnología.  De hecho, tengo un programa por Internet —que actualmente se encuentra en hiato— que precisamente se titula Hablando De Tecnología.  Pero la tecnología no puede estar al centro de la solución de problemas.  Al contrario.  La tecnología bien implantada resulta invisible.

Tomemos por ejemplo las páginas de Internet.  Yo sé cuando una página está a cargo de un comunicador y cuando está a cargo de un tecnócrata.  La del tecnócrata está llena de, bueno… de tecnología.  La llenan de Flash, de imágenes que se mueven y de mil garambetas más.  ¿El resultado?  Los buscadores no las ven, mucho dispositivos móviles tampoco y en muchos casos los usuarios se cansan de esperar que carguen y se van a otro lugar.

La del comunicador tiene un sólo objetivo en mente: comunicar.  Generalmente lucen sencillas, sin nada que distraiga la atención y fáciles de navegar.  Cargan rápidamente, se colocan favorablemente en los buscadores y no requieren de ninguna tecnología especial para verlas.

La tecnología usada correctamente tiene que ser invisible.  La comunicación —dicho sea de paso— también.  Esa misma página, que acabas de ver, (Hablando de Tecnología) utiliza además una gran variedad de técnicas de comunicación para lograr el impacto psicológico deseado.

Poner la tecnología al centro es como poner a un abogado, a un médico o a un ingeniero a cargo del País.  El primero ve una controversia detrás de cada situación, el segundo piensa que la clave es extirparlo todo y el último piensa que todo se remedia con más construcción.  Cualquiera que haya vivido lo suficientemente en Puerto Rico sabe lo que ha sucedido en cada uno de estos casos.  El mejorcito que nos salió —y el más que duró— fue uno que era poeta.

Y ahora que digo así —aunque haya sido un poco en tono de broma— recuerdo otra cosa que aprendí de aquel profesor de redacción que les mencioné al comienzo de este escrito.

¿Se han preguntado cuál es la función del idioma?  Esta pregunta generalmente produce tantas respuestas como gente haya presente  Pero no hay más que una respuesta correcta.  ¡La función del idioma es pensar!

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Quizás por eso fue que salimos mejor con el poeta.  Por eso también es que la tecnología no puede estar al centro de nada.  La tecnología bien empleada tiene que ser la herramienta que seleccionemos luego de haber pensado.

Obviamente, no todas las situaciones se resuelven tampoco con técnicas de comunicación (aunque ciertamente la comunicación tiene que estar al centro para resolver prácticamente cualquier cosa).  Pero lo primero no puede ser la herramienta.  Hay que reducir la situación a sus elementos básicos, identificar qué es lo que no está funcionando, identificar el por qué y luego escoger la solución más acertada.  Cualquier otra cosa sería poner la carreta al frente de los bueyes.

Todo esto puede sonar simplista.  Pero no lo es.  Es simple, pero no simplista.  La mayoría de la situaciones también lo son.  Una vez las desmenuzamos hasta nos asombramos de lo elementales que eran.

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La próxima vez que tengas que resolver una situación no hales por el martillo.  Redúcela a sus elementos fundamentales, busca cómo interaccionan en circunstancias normales, identifica aquellas cosas que impiden que interaccionen y en la mayoría de los casos la solución se revelará sola.

Ah, y “bay de güey”, en la mayoría de los casos la solución va a consistir en eliminar pasos, simplificar procesos, y luego —de ser necesario— añadir tecnología.

©2011, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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Fallece El Reportero del Pueblo

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En la noche de ayer pasó a morar con el Señor quien en vida fuera el mejor periodista televisivo que ha producido la nación norteamericana, Walter Cronkite. Fue impresionante ver como uno tras otro los mayores exponentes de los emporios noticiosos estadounidenses comentaron sobre la exactitud, sencillez y elegancia con la que este obrero de la palabra entró en lo hogares de toda una nación por más de tres décadas.

John King, uno de los reporteros ancla de CNN lo resumió mejor cuando dijo que Cronkite hablaba con la gente, en lugar de hablarle a la gente. Larry King añadió que las características principales de Cronkite fueron la sencillez y la calidad en todo lo que hizo. Era un perfeccionista.

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama dijo que Cronkite delineó los estándares por los que se rige el periodismo televisivo moderno. “Cronkite fue una voz de sosiego que sirvió de guía a nuestra Nación en tiempo de guerra, motines, marchas y acontecimientos”. Todo esto lo logró sin sacrificar su integridad de hombre campechano” dijo Obama.

Todavía no han pasado 24 horas desde el momento de su deceso y los comentarios provenientes de todas partes del planeta inundan la Internet y los medios tradicionales. Unos hablan de los eventos transcendentales que le tocó cubrir como la Guerra de Vietnam; el asesinato del presidente John F. Kennedy, el de su hermano Robert Kennedy y el del ministro y dirigente negro Martin Luther King Jr; el lío de Watergate, la renuncia del presidente Richard M. Nixon y el alunizaje del Apollo 11. Otros comentan sobre su rigurosidad al investigar y su compromiso con la verdad. Pero el hilo conductor en todas estas reseñas es la sencillez y honestidad con la que este hijo de Saint Joseph, Missouri le habló a su audiencia.

A menudo las personas piensan que las palabras rebuscadas y el hablar por encima de las cabezas de su audiencia les gana respeto. Piensan que los impresionan con su dominio de la palabra. Sin embargo, el ejercicio de comunicar consiste en llevar información de un punto a otro sin que nada se interponga en su camino. Todo lo que impida la comunicación se considera ruido, incluyendo las palabras de domingo. Si deseas aprender más sobre esta manera sucinta y certera de escribir te recomiendo nuestro DVD “Redacción Eficaz”.

Walter Cronkite se ganó el aprecio del público porque le hablaba como a un viejo amigo. Tenía la destreza de convertir lo complejo en sencillo, de utilizar ejemplos, de ajustarse a su interlocutor. Durante su carrera entrevisto a jefes de estado, militares, científicos, artistas, políticos, líderes sindicales… la lista es interminable. A cada uno le habló en sus propios términos, y luego lo tradujo al lenguaje del pueblo.

En momentos en que la prensa norteamericana -y la mundial- pasan por una de sus épocas de mayor reto, ¡que mucha falta hacen hombres de la talla de Walter Cronkite, Peter Jennings y Tim Russet! Estos maestros del periodismo no le gritaban al pueblo. De hecho, muchos dirían que eran demasiado “suaves” en su estilo. Pero lo incisivo de sus investigaciones, y, la precisión y sencillez con la que presentaban la noticia los convirtieron en portaestandartes de su profesión y favoritos del pueblo.

¡Que descance en paz el padre del periodismo televisivo!

©2009, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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