Un “Videíto Cocolo”

Share

Hace unos años fui a visitar a una Gerente de Recursos Humanos de una reconocida compañía del área oeste. Ésta quería producir un video para empleados nuevos; o como le dicen en la industria: un “induction program”.

Le explique cuidadosamente todo lo que conllevaba este tipo de producción, incluyendo las consideraciones legales que debía tener presentes en cuanto al derecho a la privacidad y los derechos de autor.

Durante la conversación esta “profesional” no hizo otra cosa que insistir en conocer lo que le costaría el proyecto. Como conocedor del mercadeo yo preferí enfatizar en los beneficios que obtendría al hacer negocios con nosotros y en el “unique selling proposition” que diferenciaba a nuestra empresa de sus competidores.

Al terminar la reunión -y ante la insistencia de esta “profesional” de los recursos humanos- le di un “bpf” (“ball park figure”, como dirían en Madrid) de lo que le costaría el proyecto.

Su cara de asombro lo dijo todo. “Yo sé que la calidad de ustedes es excelente, pero yo tengo un empleado que me puede hacer un “videíto cocolo” por una cuarta parte de ese dinero” dijo la señora.

Obviamente, para esta gerente el empleado era “lo más importante” y no escatimaría esfuerzos para darle “lo mejor”.

Luego de eso la llamé varias veces y lo único que obtuve fue el acostumbrado “no puertorriqueño”. Para aquellos de ustedes que no sepan a lo que me refiero, el no puertorriqueño se produce cuando un cliente, que decide no utilizar nuestros servicios, simplemente no contesta las llamadas. Obviamente, ese mismo cliente, no acepta otra cosa que una respuesta inmediata cuando llama para que lo visiten.

Luego de muchos años, hoy me vino a la memoria el “videíto cocolo”. Fui a visitar a un cliente que deseaba reproducir un video para enviarlo a las emisoras de televisión. Se trata de una entidad sin fines de lucro que trabaja con una causa sumamente loable.

Como tantas de estas entidades, decidieron valerse de los estudiantes de un reconocido programa de comunicación para que le realizaran una campaña de mercadeo y relaciones públicas. A primeras luces el arreglo parecía perfecto. Los estudiantes tendrían la oportunidad de practicar lo que estudiaban y la entidad obtendría el servicio a un costo reducido o hasta inexistente.

Por supuesto, como dicen nuestros amigos del noroeste “there’s no such thing as a free lunch”. No hice más que ver el video y comencé a identificar los problemas.

La pista musical era una canción comercial popularizada por una artista muy reconocido de años recientes. El mensaje era inexistente ya que no utilizaba libreto ni locutor. Era básicamente una presentación de diapositivas musicalizada. Entre las fotos que utilizaron había varios niños, personas de edad avanzada y hasta artistas de Hollywood.

De inmediato le pregunté al posible cliente si contaba con autorización del cantante, el autor de la pieza musical, los padres de los niños, los envejecientes o sus tutores legales y los artistas de Hollywood. Este me contestó que el profesor a cargo del proyecto le había asegurado que contaba con los “relevos del grupo” que hizo el trabajo y que podía utilizar los materiales sin problemas. Obviamente estaba en presencia de un “video cocolo”.

Durante los 19 años que he estado en este negocio he visto todo tipo de video ilegal. Y lo peor de todo es que los clientes -en su desconocimiento- los pagan con gusto. ¿Por qué los pagan con gusto? Porque las personas que los producen caen en una de dos carategorías:

  • ignorantes que dañan el mercado haciendo trabajos “baratos”
  • bribones que conocen la ley pero deciden valerse de la ignorancia del cliente.

No es raro ver programas con música de Jíbaro Jazz, niños, envejecientes y fotos de personas famosas. Inclusive, una vez presencié a una compañía multinacional de gran prestigio utilizar un comercial de Apple Computer al que la agencia de publicidad únicamente le substituyó el logo al final. Nada, que no hay nada peor la avaricia combinada con la ignorancia.

Producir un video organizacional es un proceso multidisciplinario que exige un gran nivel conocimiento. En aras de la brevedad podemos decir que incluye un proceso exhaustivo de investigación, la redacción de un libreto, la creación de un guión, la filmación, edición, musicalización, el “rendering” y la masterización. Esto sin mencionar lo pasos requeridos para producir el DVD.

Cuando delegamos el proyecto a un grupo de personas este convierte en un “trabajo colaborativo”. Es decir, los derechos de autor se reparten en partes iguales entre los participantes. A menos que exista una condición de “work for hire”, en cuyo caso los derechos pasan al productor del programa o al cliente, según rece el contrato.

Sin embargo, estos derechos se limitan al trabajo creativo realizado por el grupo. No incluyen los derechos correspondientes a la música, el pietaje, los fondos animados o fotografías que hayan sido creados por terceros.

Para evitarse problemas los productores responsables utilizan música e imágenes “buy-out” en sus programas. El término “buy-out” quiere decir que la compañía que los vende ha obtenido los relevos y las licencias necesarias para cumplir con la Ley de Derechos de Autor. Obviamente, estas colecciones son costosas. Por eso, los productores responsables no hacen “videítos cocolos”.

Para que tengas una idea de las bases que hay que “pisar” para hacer un video -como Dios manda- tomemos por ejemplo el video que te mencioné hace un rato. Utilizar una pieza comercial implica que debemos obtener la autorización de artista. Pero la cosa no se queda ahí. Muchas veces vamos a necesitar la autorización del autor y -a veces- hasta la de la casa disquera.

De ahí pasemos al libreto. O, a la ausencia de éste. Un video sin libreto es meramente un “reguero” de imágenes. Carece de un objetivo. No llama a la acción. Y si no llama a la acción, no podemos medir su efectividad. Piénsalo por un momento. ¿Si no le pedimos al televidente que haga algo, cómo podemos esperar que lo haga?

De ahí pasamos a las imágenes. Cada niño que aparezca en pantalla requiere la autorización de un adulto tutor. De igual forma, cualquier envejeciente que padezca de sus facultades mentales necesitará la aprobación de un encargado legal.

Finalmente, cada celebridad que utilicemos en nuestro trabajo debe aprobar el uso de su imagen. Esto nada más puede tomar meses, ya que estas personas consultan con sus agentes y publicistas antes de tomar cualquier decisión.

El obviar cualquiera de estos pasos puede traer una infinidad de complicaciones incluyendo demanda judiciales por derechos de autor, violación a la privacidad, difamación y otra infinidad de violaciones que nuestros amigos los abogados conocen al dedillo.

De repente aquel “videíto cocolo” nos resulta carísimo cuando le sumamos los costos de la pesadilla legal que nos provoca. Para que tengas una idea, una demanda por difamación o violación a la privacidad puede costar cientos de miles de dólares. Mucho más de lo que economizamos en nuestro programa “barato”.

Y lo peor de todo es que muchas veces la violación pasa desapercibida ante el ojo inexperto. Basta con que pongamos a un niño sano en un video de niños enfermos sin el consentimiento de sus padres y “voilá” ¡una demanda!

Por eso cada persona que aparece en nuestros programas tiene que firmar un relevo. Si es menor de edad, lo firma su padre o tutor. Y, si es una persona enferma o que padece de sus facultades mentales, lo tiene que firmar su encargado o tutor legal. Al terminar el proyecto le entregamos un cartapacio al cliente con copias de todos los relevos.

En estos tiempos de estrechez económica todo el mundo está tratando de economizar dinero. Pero tú no buscarías el cirujano más barato si te fueras a operar del corazón. ¿Verdad que no? Entonces, por qué vas a poner la reputación de tu empresa en manos inexpertas.

Y por cierto, antes de que se me olvide, el profesor a cargo del grupo de estudiantes mencionado anteriormente está supuesto a conocer de estas cosas. ¿O habrá algo de cierto en aquello que dice que los que saben hacen, y los que no, enseñan?

©2009, Orlando Mergal
_________________
El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

logo-linkedIn

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

No se admiten más comentarios