Una Crisis de Espíritu

Share
Cara triste

Cada uno de nosotros puede construir su propia realidad.

Como tantas otras empresas puertorriqueñas nuestra organización ha tenido que lidiar con la crisis económica que ha afectado a Puerto Rico durante los últimos 5 años y —para esos efectos—a gran parte del mundo.  Hemos visto cómo en muchos países —incluyendo a los Estados Unidos— el gobierno ha reducido los impuestos para poner el dinero a correr y revitalizar la economía.  En Puerto Rico hemos visto lo contrario.

Aquí el gobierno despidió a miles de empleados públicos.  Esto tuvo un efecto nefasto tanto en la psiquis de los desempleados como en la de aquellos que “conservaron” sus puestos.  También tuvo efectos nefastos en el comercio, en la construcción, en el mercado de bienes raíces y en la banca.  En medio de una recesión el gobierno fomentó desconfianza adicional en la mente del pueblo.

¿Si botaron a fulano o a fulana, cuándo me botarán mi?  Esa es la pregunta que sembraron en la mente del ciudadano.  Y no sólo la sembraron en la mente del empleado gubernamental.  ¿Qué piensas que hace el comerciante cuando las ventas se detienen?  Los despidos han afectado a todos los sectores de la economía.

En el caso de Puerto Rico esto ha resultado en mucho más que una crisis económica.  Ha creado una crisis de espíritu.  Por siglos al puertorriqueño se le ha hecho creer que es inferior.  Que no puede solo.  Tanto a nivel micro como a nivel macro.

Durante el siglo 20 esto se agravó con la implantación de programas de mantengo.  Este mantengo tomó muchas formas.  En algunos casos se le dio todo tipo de “ayudas” a los sectores menos privilegiados para mantenerlos al margen de la pobreza.  Sin hambre, pero nada a qué aspirar.  En otros se crearon puestos innecesarios para que unos se hicieran los que trabajaban y otros se hicieran los que le pagaban.

El problema ha sido que, con el pasar de los años, ambos grupos han llegado a creer que son merecedores de estas dádivas.  La mendicidad se ha convertido en un estilo de vida.

Hace como 30 años una ex-suegra —que no me quería mucho— me acusó de tener “genes cínicos”.  Yo creo que tenía razón.  Se me hace muy difícil tomar las cosas por dadas.  Todo lo cuestiono.  Todo lo estudio.  A todo le busco el “truco”.

Por eso se me hace difícil creer que todo esto sea casualidad.  Pienso que hay método en la locura.  Después de haber votado en Puerto Rico por casi 40 años he llegado a la conclusión de que —en mayor o menor grado— todos los gobiernos durante ese período han sido igual de ineptos.

Para mantener a esta ristra de imbéciles en el poder hace falta un pueblo igualmente ignorante que vote por ellos.  ¿Y cómo se logra eso?  Con educación mediocre y mantengo.

Mis padres fueron obreros.  Mi madre fue maestra y mi padre guardia de seguridad.  Emigraron a los Estados Unidos durante la ola de tomateros y se levantaron por sus fueros en la ciudad de Nueva York.  Regresaron a la Isla cuando yo era pequeño huyéndole al problema de drogas que se empezaba a manifestar en Manhattan.  Ahorraron peso a peso para comprar su casa en efectivo.  Nunca tuvieron una tarjeta de crédito.  Nunca cogieron cupones.  Nunca jugaron la lotto.  Ganaron cada peso con el sudor de su frente.

Yo heredé algunas de esas características, aunque Dios sabe que en más de una ocasión he dado uno que otro tarjetazo demás.  Como tantos otros negocios pequeños en Puerto Rico he tenido que lidiar con crisis verdaderas y con aquellas creadas por nuestros funcionarios gubernamentales (de todos los colores).  Pero nunca se me ha ocurrido solicitar dádivas del gobierno.

Hace como tres años decidí utilizar las mismas destrezas que he empleado por años para servir a mis clientes corporativos y producir una serie de DVDs educativos para el público general.  Durante ese período he producido 6 DVDs:  Las Computadoras En La Edad De Oro; La Internet En La Edad De Oro; Redacción Eficaz; De Viaje Con La Internet; El Resumé Perfecto y La Entrevista Perfecta.  ¿Qué tienen en común?  Son programas de autosuperación para venderse en un país al que no le interesa superarse; al que lo han acostumbrado a tenerlo todo gratis.

El problema es que a veces “gratis” es demasiado caro.  ¿De que le vale al pueblo que el gobierno se lo “dé” todo si a cambio tiene que sacrificar su dignidad y sus posibilidades de superación?

Para vender estos DVDs creé varias páginas en la Internet conocidas como “squeeze pages” en las que regalo un informe especial a cambio de un nombre y una dirección de correo electrónico.  El informe especial se crea a base del producto que se desee mercadear.  Por ejemplo: el “squeeze page” para el DVD de Redacción Eficaz ofrece un informe especial gratis sobre los 10 errores más comunes que cometen las personas al redactar.

Este método de mercadeo es el más utilizado en Internet entre los “gurus” del mercadeo porque se basa en el principio de reciprocidad del doctor Robert C. Cialdini.  El doctor Cialdini es un catedrático de mercadeo y psicología de la universidad de Arizona cuyas teorías han revolucionado la industria.  Según Cialdini, cuando las personas obtienen algo gratuito de parte de una organización están más inclinadas a comprar en el futuro.

Pero en Puerto Rico las teorías de Cialdini se caen de bruces porque el puertorriqueño es un “cachetero” consuetudinario. No piensen que yo no sabía esto.  Pero una cosa es saberlo y otra es vivirlo en carne propia.  Eso fue lo que sucedió ayer.

Nuestro sistema está programado para enviar una serie de correos electrónicos promocionales —en intérvalos de 3 días— luego de que la persona se registra en la lista y recibe su informe especial.  En el caso de los DVDs de “El Resumé Perfecto” y “La Entrevista Perfecta” se trata de un informe especial sobre Los 25 Errores Más Comunes Que Cometen Las Personas Al Buscar Empleo.

Esta persona recibió su informe especial gratis y decidió contestar uno de nuestros correos promocionales señalando que ella esperaba que todo fuera gratis.  Se preguntaba ¿cómo iba a comprar nuestros DVDs estando desempleada?

Perdonen mi confusión.  Quiero entender esto bien.  ¿Acaso esta persona esperaba que los DVDs fueran gratis también?  Obviamente no pude quedarme callado.  En un tono firme pero cortés le aclaré que estos DVDs eran el producto de 5 meses de trabajo arduo y una docena de entrevistas a profesionales de recursos humanos del más alto nivel.  Esa es mi contribución a mejorar las posibilidades de emplearse del puertorriqueño.  Terminé diciéndole que yo ya había hecho mi parte y preguntándole qué iba a hacer ella.

Obviamente, yo sé la contestación.  No va a hacer nada.  Se va a sentar en su casa, como Penélope, (en el banco de pino verde) a esperar un milagro; que alguien o algo la rescate de su dilema.  Pero el pan de piquito se acabó hace rato.  Según una edición reciente de la revista Money la persona promedio que pierde su empleo tarda más de 30 semanas en encontrar otro.  Y eso es en los Estados Unidos donde la piña está agria pero al menos queda piña.

Nadie va a hacer nada por nosotros.  Ni siquiera el gobierno.  Lo tenemos que hacer nosotros mismos; en todos los aspectos, no sólo en el de empleo.  Si no sabemos hacer algo tenemos que aprender, estudiar, superarnos…  Lamentarnos no va a ayudar en nada.  Esperar tampoco.  Tenemos que tomar acción y resolver nuestros propios problemas.

Podemos pasarnos el día haciéndonos los que hacemos, esperando que caiga el maná del cielo.  Pero al final del día, cuando nos lavemos la boca para ir a la cama, la persona en el espejo del botiquín será la juez de nuestra obra.  A esa no la podemos engañar.

Un concuñado mío —al que quería mucho y ya murió— decía que al puertorriqueño le encantaban varias cosas: de los juguetes la chiringa elevá’, de los tubérculos el ñame, de los crustáceos el juey sacao’ y de las frutas el mangó bajito.

Yo me rehúso a pensar así.  De hecho, él decía que mi principal virtud era la tenacidad.  Cada uno de nosotros puede construir su propia realidad.  Y lo mejor de todo es que al final del día tendremos el orgullo del deber cumplido.  De haber ganado lo que tengamos —mucho o poco— con el sudor de nuestra frente.

©2010, Orlando Mergal
_________________
El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

logo-linkedIn

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

No se admiten más comentarios