Viviendo La Brecha…

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Barrera digitalEn ocasiones anteriores he hablado de la “brecha digital” y sus efectos sobre nuestra sociedad; particularmente durante mi antigua sessión con Jorge Seijo y en mis DVDs de “Las Computadoras en la Edad de Oro y “La Internet En La Edad de Oro”..  Para aquellos de ustedes que nunca hayan escuchado el término se trata de una línea imaginaria —pero cuyos efectos pueden ser muy reales— que divide a las personas que saben utilizar computadoras de aquellas que no saben.  El término original fue acuñado por el presidente Bill Clinton como el “digital divide”.

En Puerto Rico vemos ejemplos de la “brecha digital” a diario.  De hecho en esta semana tropecé con dos que me resultaron sumamente interesantes.

El primero de ellos fue la noticia de que las librerías Borders se acogerían a la protección de la Ley de Quiebras a nivel nacional.  De inmediato le comenté a mi esposa que a nivel local esto iba a representar el cierre de las tiendas de Mayagüez y Carolina.  Bueno, pues dicho y hecho.  Ayer salió la noticia en El Nuevo Día.  ¡Las tiendas de Mayagüez y Carolina caput!

Quizás ustedes se preguntarán qué tiene que ver el cierre de Borders con la “brecha digital”.  ¡Pues mucho!  Primeramente, los dos elementos que más han contribuido a nivel Nacional al fracaso de Borders han sido la tienda virtual de iTunes y la tienda virtual de Amazon.

Por un lado le han erosionado la venta de discos compactos y por el otro la venta de libros en papel.  Este efecto de “sándwich” ha convertido a la cadena en una especie de “showroom” en el que la gente escucha la música, lee los libros y luego los ordena en iTunes y en Amazón.

En Puerto Rico los efectos se han venido notando por años.  Lo que hace falta es ser lo suficientemente perspicaz para verlo.  ¿Recuerdan cuando en la Isla habían tiendas de discos por dondequiera?  ¿Recuerdan la Casa de los Tapes?  Una tras otra han ido desapareciendo.  Ahora los jóvenes compran su música, si es que la compran, en iTunes.  En su mayoría la copian ilegalmente a través de la Internet.

A nivel local todavía hay productores que sueñan con hacer dinero vendiendo discos compactos.  Pero en los Estados Unidos la cosa ha cambiado dramáticamente.  Antes los grupos musicales hacían giras para promover la venta de sus discos.  Hoy en día son capaces de regalar la música con tal de llenar sus conciertos.  ¿Por qué?  Porque su música la van a copiar independientemente de lo que ellos traten de hacer para evitarlo.  En el caso de los conciertos los fanáticos tienen que pagar si quieren verlos.

¿Recuerdan la cantidad de librerías que había en Puerto Rico antes de la llegada de Borders?  ¿Recuerdan a Tekes?  Con la llegada de Borders quebraron muchas de las librerías pequeñas.  ¿Por qué?  Porque todas estas megatiendas se valen de la misma estrategia.  Llegan con precios bajos para derrotar a los locales y luego elevan sus precios cuando se quedan con el mercado.

Al reducirse la presencia de Borders se va a suscitar un fenómeno interesante.  Aquellas personas que conocen de computadoras no se van a afectar en nada y las que no conocen se van a quedar aisladas.  Y ese es un ejemplo más de la brecha digital.

Hace años que vengo comprándolo casi todo a través de la Internet.  ¿Por qué?  Porque las tiendas locales sencillamente no pueden satisfacer la demanda de personas que estén a la vanguardia de nada.  Borders no va a tener el libro de mercadeo, publicidad, relaciones públicas o comercio a través de la Internet que se publicó la semana pasada.  Amazon lo tiene al otro día.  También tienen DVDs, CDs, programas de computadoras, enseres electrodomésticos y mil cosas más.  De hecho, yo ofrezco mis DVDs educativos a través de Amazón.  Las tiendas de fotografía locales no tienen nada que buscar con B&H y Adorama en Nueva York.  Por cierto, ¿se acuerdan de Cine Foto y Rahola?  Las tiendas que venden computadoras en la Isla siempre te dicen lo mismo: “lo podemos ordenar”.  ¿Se acuerdan de Computer Gallery y Computerland?  Lo que estos comerciantes olvidan es que en un mundo donde existen Visa, Mastercard, American Express, FedEx y UPS nadie los necesita a ellos para ordenar nada.  Si de ordenarlo se trata, lo ordeno yo.

Así las cosas la brecha se sigue ensanchando.  Los que saben de computadoras pueden hacer lo que quieran y los que no están —cada vez más— a la deriva.

Así lucía la entrada de la Diputación Provincial

Así lucía la entrada de la Diputación Provincial

El segundo ejemplo de la brecha digital lo viví en carne propia esta tarde.  Resulta que tuve que ir —en persona— al Departamento de Estado (el nuestro, el de embuste) a recoger mi licencia de Relacionista Público.  Al llegar al antiguo edificio de la Diputación Provincial en el Viejo San Juan tropecé con el primer síntoma de que en aquel recinto impera la “brecha digital”.  A la mano izquierda de la escalera de entrada había decenas de cajas de “documentos muertos” —o como dirían en Castilla la Vieja: “dead files”.  Pero no era sólo allí, estaban por cada pasillo del edificio.

Me dirigí a la oficina de Juntas Examinadoras.  La persona que me atendió allí me entregó la licencia de manera diligente y cortés.  Sin embargo, ahí se acabó la felicidad.  Se me ocurrió preguntarle dónde podía obtener la copia del reglamento más reciente de la Junta de Corredores de Bienes Raíces, ya que además de tener la licencia de relacionista público tengo también la de corredor de bienes raíces.

Cajas por doquier. ¡Que “hi tech”!

Cajas por doquier. ¡Que “hi tech”!

Me dijo que fuera a la División de Certificaciones, Reglamentos, Venta de Leyes y Registro de Notarías Públicas. Al llegar allí me encontré con dos jóvenes que me “aclararon” que necesitaba el nombre de la ley y la fecha para podérmela buscar.  Así que me enviaron nuevamente a la oficina de Juntas Reglamentadoras.  Allá me dieron el número de la ley y la fecha y regresé a la oficina anterior.  Al llegar me dijeron que la copia costaba $7.00 y que tenía que ir a pagar a la colecturía en el primer piso y luego regresar.

Todavía más cajas.

Todavía más cajas.

Cuando llegué a la colecturía lo primero que vi fue un rótulo que leía “ventanilla cerrada”.  Detrás había un hombre con cara de aburrido.  Seguí hasta la última ventanilla donde estaban atendiendo a una persona antes que yo.  Cuando la persona terminó me acerqué a la ventanilla, sonreí y le dí las buenas tardes a la empleada.  Se me quedó mirando con cara de “bulldog” y no dijo ni jota.  De ahí en adelante la conversación transcurrió en monosílabos.  ¡Wow!  ¡Que amabilidad!  Regresé a la oficina de arriba y por fin me entregaron la copia del reglamento.

Quizás se preguntarán por qué le hago todo este relato para hablar de la “brecha digital”.  La razón es sencilla.  En un mundo digital ese tipo de transacción se hace desde cualquier parte del mundo, con una tarjeta de crédito y un computador.  Y hasta nos sale un “happy face” al final en lugar de un “bulldog”.

Claro, para que este tipo de transacción se pueda hacer por Internet hacen falta una serie de elementos que a menudo están ausentes en Puerto Rico.  Primero, la gente tiene que saber usar computadoras.  De nada vale anunciar servicios cibernéticos si la ignorancia es la orden del día entre amplios sectores de la sociedad.

Segundo, la infraestructura tiene que llegar a todos los confines de la sociedad; no sólo a los ricos.  Nuevamente, de nada vale hablar de servicios cibernéticos si el ciudadano que vive en el barrio Cuatro Pelos de algún pueblo remoto de la Isla no sabe operar un computador, y de saber, carece de la infraestructura para operarlo.

Tercero, el servicio tiene que existir.  A menudo los servicios que anuncia el gobierno sólo existen en la mente de los publicistas.  Dice un viejo refrán que “para muestra con un botón basta”.  Esta tarde fue en el Departamento de Embuste, digo de Estado.  Hace un par de años fue en el Departamento de Policía.  ¿Sabían ustedes que nuestro Departamento de Policía todavía procesa las querellas a mano?  Sí.  Cuando un policía llena una querella lo hace a mano.  Luego la envía por mensajería.  Eventualmente el documento llega al Cuartel General, donde espera por semanas hasta que alguien la procesa a mano.  Ese es un ejemplo más de la brecha digital monda y lironda.

Las computadoras nos pueden facilitar la vida grandemente si las usamos de la manera correcta.  De lo contrario pueden hasta contribuir a empeorar las cosas.  Para eso hace falta pensar, algo que a nuestros oficiales de gobierno no le sale natural.  Hay que buscar maneras de simplificar los procesos, de reducir o consolidar pasos.

Al final nos van a sobrar personas; claro que sí..  ¿Y qué vamos a hacer con ellas?  ¿Botarlas?  Claro que no.  Pero podemos reducir la plantilla por “attrition”  —como decía Cervantes.  Cada vez que se jubile un empleado no lo reemplacemos.  Ni con un popular, ni con un penepé, ni con un pipiolo.  ¿Todavía esa gente existe???  También podemos readiestrar a ese personal para trabajar en puestos de servicio.  Obviamente, para eso hay que borrarle la cara de “bulldog”, y ese es “sucio difícil”.  Pero créanme, en un país donde se ha destruido sistemáticamente la industria y se ha descalabrado la economía a base de despidos y contribuciones ocultas la única alternativa viable que queda es el servicio.

De eso hablaremos en un escrito futuro.

P.D.  Si acaso se preguntan cómo pude tomar fotos de semejante reguero sepan que todas las tomé con el iPhone.  Hoy en día nadie se puede esconder.  Si lo haces mal se va a saber.

©2011, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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