¿Y Hostos, Importa?

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La Plaza de los Niños como lucía en el año 2006 después de 8 horas de Photoshop.

La Plaza de los Niños como lucía en el año 2006 después de 8 horas de Photoshop. Dale clic a la imagen para verla grande.

El pasado domingo estuve con Zoraida participando de la tercera edición de la “Campechada” en el Viejo San Juan. Salimos tempranito y conseguimos estacionamiento casi al lado del ascensor en Covadonga. La cosa comenzó bien.

Caminamos toda la calle Comercio hasta llegar a la esquina con la calle San Justo. De ahí caminamos hacia el Paseo de la Princesa. El día estaba relativamente soleado y bonito, considerando que toda la semana —y casi todo el año— no ha hecho más que llover.

Pasamos por el frente del Departamento de Turismo, la fuente Raíces y parte del Paseo del Morro hasta llegar a la Puerta de San Juan. De ahí subimos hasta La Plaza de la Rogativa, caminamos hasta La Casa Rosa, subimos la cuestita, cruzamos el estacionamiento de La Fortaleza y llegamos al frente del Cuartel de Ballajá.

Hacía calor. Decidí darme un gustazo que no me daba hacía tiempo. Me comí una piragua de frambuesa. Mmmmmmm!!!!!!!!!! Como diabético, tengo que cuidarme del azúcar. Y si algo es una bomba para mí es un una piragua. Pero “qsj’, me la gocé!

De ahí subimos hasta la “Plaza de los Niños” y ahí comenzó a hervirme la sangre. Para aquellos de ustedes que no sepan a la plaza que me refiero, es la que encuentras al final de la calle (en la misma esquina) cuando subes frente al Asilo de Convalecencia. ¡Qué asco!

Esta plaza fue creada durante la administración de la Hon. Sila María Calderón (2001-2005) en honor al educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos. Desde entonces ha sido cuna de la basura, la suciedad, el graffiti, los mozalbetes en patinetas y los deambulantes. ¡Qué pena!

En el medio hay una estatua hermosa de Eugenio María de Hostos, con una serie de niños cogidos de la mano, a la que una vez le dediqué más de 8 horas en “Photoshop” para removerle el “graffiti” que tenía. Hoy en día, por algún milagro divino, es la única parte de la plaza que está limpia. Parece que mis críticas anteriores llegaron a oídos receptivos.

Y todo esto me trae a lo mismo que comenté hace como 6 meses cuando visité la Plaza de la Barandilla, donde también los mozalbetes, y los amigos de lo ajeno, se han encargado de desgraciar aquel recinto. ¿Se imaginan ustedes la impresión que se lleva el turista cuando sale de la Casa Blanca o de El Morro y tropieza de frente con aquella desgracia de plaza. ¡Que pena que, para colmo de males, lleve el nombre de Hostos! Uno no puede más que preguntarse: ¿y Hostos, importa?

Eugenio María de Hostos fue un hombre honorable que siempre quiso lo mejor para su islita. Pero en Puerto Rico lo único que la gente sabe de él es que en enero hay un día de fiesta que lleva su nombre, y que nos permite seguir un ratito más con la “joda Navideña”. Sin embargo, en la República Dominicana, que no es su patria verdadera, lo veneran como a un héroe nacional.

Pero no me crean a mí. Vean ustedes mismos las fotografías. Y díganme si esta es la imagen que queremos proyectarle al turista. Díganme si este es el ambiente en el que queremos vivir nosotros mismos… como los puercos… entre la mugre… en el abandono.


Minutos antes de pasar por la Plaza de los Niños pasé frente a la muralla que lavaron a presión al frente de La Fortaleza. Tu ves, a esa sí había que dejarle la mugre tranquila. Porque la mugre de las murallas es “mugre histórica”. Le añade carácter y un sentido de antigüedad. Sin la mugre parece que las construyeron esta mañana.

Entonces pensé: “quizás el que hizo esa barbaridad —que obviamente es un fanático de las máquinas de lavar a presión— se podría dar una vueltita por la Plaza de los Niños”. Dios sabe que allí tiene taller.

Y no basta con que dediquen un par de pesos a lavar esta plaza (y otras que están igual de feas), a pintar los banquillos y a sembrar un poco de vegetación. También hay que asignar vigilancia 24/7 para evitar que vuelvan a lo mismo. Es una pena decirlo tan crudo pero esto no es algo que solamente hacen los vándalos, los “tecatos” y los deambulantes. A veces los supuestos “hombres y mujeres de bien” son igual de puercos.

Señores, en estas cosas uno tiende hasta a ponerse cínico. Pero no es para menos. Nos gastamos millones en campañitas de publicidad para supuestamente atraer al turista y por el otro lado tenemos la casa hecha una pocilga para recibirlo.

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Nuevamente les recuerdo las palabras de David Ogilvy: “la mejor manera de sacar un producto malo del mercado es hacerle una buena campaña”.

©2013, Orlando Mergal
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El autor es Socio Fundador de Accurate Communications, Licenciado en Relaciones Públicas (R-500), Autor de más de media docena de Publicaciones de Autoayuda, Productor de Contenido Digital y Experto en Comunicación Corporativa.?Inf. 787-750-0000

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Un comentario

  1. Muy triste, aunque muy cierto. Hace falta la politica establecida por el alcalde Gulianni de “Ventanas Rotas”, la cual llevo a la ciudad NY a otro nivel reduciendo el vandalismo, grafitti y los asesinatos por un 90%.

    Pero esta gestion debe comenzar por el gobierno, con una vision de “cero tolerancia”,evitando la impunidad y ejerciendo disciplina que sea ejemplo para todos. PR debe moverse a una mentalidad de “dar” mantenimiento en lugar de estar “re-construyendo” cada vez que vandalizan las propiedades del pueblo y como menciona Orlando una vigilancia 24X7.

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